Fue uno de los
mayores sustos que he tenido nunca.
Enero, 9 de la noche
y la calle vacía.
Yo terminaba un trabajo del instituto con unos
compañeros.
Me tocaba volverme sola, todos vivían al otro lado del
pueblo menos yo, que vivía a las afueras.
Pasé por el estanco y
compré tabaco, casi no me dio tiempo porque estaban cerrando. Esperé
en la parada del bus mientras me fumaba un par de cigarrillos.
Después de 3 cigarros y cincuenta minutos, opté por irme andando,
que maldita la gracia que me hacía, porque a las diez todos los
comercios estaban cerrados, y la zona sin luz, todo muy oscuro,
estaba asustada y más con el famoso violador suelto por ahí.
Caminé un rato y al girar la esquina, en frente había un señor.
Crucé y el señor seguía detrás de mi y no me hubiese puesto tan
nerviosa si no me hubiera llamado por mi nombre.
Al no reconocer la
voz me asusté, no hice caso y continué mi camino a más velocidad.
El señor también aumentó su velocidad y continuaba llamándome.
Se
reía y eso me ponía muy nerviosa y el miedo se apoderó de mi. Mi
corazón comenzaba a latir más deprisa a cada segundo.
El hombre
vino corriendo hacia mi y ahí ya lo tuve claro, corrí como si no
hubiese mañana. Íbamos los dos a toda prisa por la carretera, las
calles vacías, parecía un pueblo abandonado, apenas se veía para
poder seguir la huida.
En un paso de cebra se me cayó el tabaco, no
sé porque me paré a recogerlo.
El hombre estaba a menos de 3 metros
de mi y sin pensarlo saqué un bolígrafo que me había preparado por
si tenía que utilizarlo y se lo clavé en el pie y sin mirarle
siquiera a la cara me fui corriendo, creía que ahí llegaría mi
final y estaba muy histérica y el señor, como pudo y rabiando de
dolor, me seguía llamando. corría sin mirar atrás y cuando estaba
cerca del final de la calle, oí un atropello, lo cual me proporcionó
una mezcla de tranquilidad y nerviosismo.
Mi intención fue
pararme y gritarle al hombre que había atropellado al señor que me
estaba persiguiendo, que llamase a la policía porque iba detrás de
mi corriendo.
Pero no pude hacerlo, al girar la calle me choqué con
un tipo gordo, de mediana edad y que llevaba una navaja en la mano
derecha.
Le dije como pude lo que me había ocurrido y el hombre
lejos de tranquilizarme me regalaría uno de los momentos que por
desgracia más recordaría.
Me obligó con la navaja a que le
siguiera, me llevo a su furgoneta y allí... allí el muy cerdo me
violó analmente con el mango de la navaja.
Para mi es duro contarlo
así, sin adornarlo ni nada, pero hace tanto tiempo de esto que...si
con mi ejemplo puedo ayudar a alguien, bienvenido sea. Cuando el tipo
acabó de masturbarse en mi cara, me dio una patada y me dejó en la
carretera tirada mientras murmuraba:
Al llegar a casa mi
gran noche no terminó ahí.
Llegue con la ropa desgarrada, toda
pringada y con una amargura especial.
Mi madre entre lágrimas, y
como pudo me contó una desgracia que había sucedido mientras me
abrazaba.
No entendía como podía saber lo que me había pasado, era
imposible, pero me equivocaba. Mi madre me contó que alguien había
matado a mi padre, lo habían atropellado y clavado un bolígrafo en
el pie (aquella noche por lo visto salió antes de trabajar)
Podéis imaginar mi
cara, recién violada y prácticamente me había cargado a mi padre.
A los tres meses
detuvieron al violador del pueblo, me enteré por un tío mío
policía, y en cuanto lo supe no lo dudé y me presenté en la
comisaría.
Me presente allí con una navaja y cuando lo llevaban al
calabozo sin pensarlo le asesté cinco puñaladas en el cuello.
El
hombre murió desangrado y a mi me encerraron en la cárcel, pero no
me importa, que se joda el cabrón.
El resto es historia. Aquí no se
está del todo mal, excepto la comida que es una mierda. Todavía me
quedan siete meses de condena pero he oído que tengo una enemiga por
ahí que quiere matarme. La hija del gordo, pero no le tengo miedo
¿sabes? Que venga si tiene huevos, que estaré encantada de hacerle
visitar a su padre.

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