Hay días buenos,
días malos, días alegres etc... pues aquél día no sabría como
describirlo.
Mi amigo Víctor, que trabajaba en el museo del juguete,
me había pedido que le hiciese compañía.
El turno a veces era muy
aburrido puesto que al ser agosto no iba mucha gente.
Mi novia
acababa de dejarme, los estudios de ingeniería informática me iban
bastante mal y me habían echado del bar dónde hacía media jornada
los fines de semana.
Mi vida en aquél
momento era poco más que una mierda, por eso me animé a ir al
museo. El turno era de 3 a 7, yo fui a las cuatro y a esas horas el
sudor me caía a mares.
Al abrir la puerta del lugar, un empujón de
aire acondicionado me dio la bienvenida, cosa que agradecí
enormemente.
Mi amigo, que se alegró de verme, vino a darme una
abrazo, interrumpido por un cliente. Me enseñó el museo y en
exclusiva, una sala temporal que iban a abrir con juguetes nunca
expuestos de los años treinta y cuarenta.
Me gustó mucho, había
bastante variedad. Al fondo estaba la sala común con todos los
juguetes de la época. Desde 1870 a 1990. en frente estaba la
pantalla con tres bancos.
Una pantalla enorme
donde proyectaban una breve película contando la historia del museo
y de los juguetes.
Le pedí sentarnos a verla, pero me dijo que si no
me importaba la viésemos más tarde, que ahora tenía que atender a
un cliente francés que estaba apunto de llegar (se podía pedir cita
para una visita guiada) y que luego quería proponerme una cosa. Me
senté en la garita del museo y esperé allí viendo vídeos.
A las 18:50, Víctor
se preparaba para cerrar el museo, le esperé. Una vez las puertas
estuvieron cerradas, me propuso algo a lo que acepté y no sé ni por
qué.
-Bueno Santi, ahora
que estamos solos, traeme la cartera, está en el piso de arriba, la
segunda puerta a la derecha, al lado de la mesa.
Fui a por ella, por
el pasillo tranquilamente aunque debo reconocer que al estar tan
oscuro me dio algo de miedo. Cogí la cartera, una cartera bastante
grande, y se la llevé deprisa porque me hice mi paranoia y estar
allí solo me daba miedo.
Sacó algo que nunca
imaginaba, una ouija.
-¿Qué haces con
eso por dios?
-Deja que te
explique. Si quieres no hacemos nada, pero es que dicen que aquí de
noche se oyen ruidos y quería saber si hay algo, va, ¿te animas?
Acepté a
regañadientes.
Víctor apagó las
cámaras de seguridad y detrás de la pantalla de proyección
encendió unas velas. Colocó el tablero.
Con las velas del otro lado
las sombras resaltaban de tal manera que aquello parecía un
espectáculo de sombras chinescas.
-¿Hay alguien aquí?
Por favor, si hay alguien que se manifieste.
No hubo respuesta.
-Vamos anda, vamos a
tomar algo -dije-
-No calla. Vamos a
intentarlo de nuevo.
-¿Hay alguien aquí?
Si hay alguien aquí que...
Un sonido de
cristales rotos interrumpió a Víctor.
-¿Y eso? -dije
asustado.
-No..no lo sé.
-Vamonos, que esto
puede ser peligroso.
Un sonido, algo así
como ñic ñic ñic, se escuchó.
Para nuestra sorpresa era un bebé
de cuerda del año 1980 el que se dirigía a nosotros.
Cuando Víctor se
levantó a cogerlo, un ruido fuertísimo golpeó la puerta y Víctor
se cayó al suelo del susto.
Cogió un bate de
béisbol de 1975 que había llegado desde Londres esa misma tarde y
fue a ver que había. Abrió la puerta y allí no había nada. Solo
la luz encendida y una vitrina rota. Decidimos recoger y marcharnos,
estábamos acojonados.
Al día siguiente
Víctor, me llamó para que fuese corriendo, parecía muy preocupado.
Volví y eran ya las 19:30, estaba cerrando y esperé que terminara
para escuchar esa noticia tan urgente.
No me dijo nada, solo señaló
la pequeña televisión de la cámara de seguridad, allí vi algo que
se me quedó grabado en la retina. Se había grabado la sesión de
espiritismo aún habiéndolas apagado antes de empezar.
-Pero...tú apagaste
la cámara, ¿verdad?
-Mira lo que viene
ahora.
Por la televisión
se veía todo pequeño, pero bastó para verlo todo. Estábamos
rodeados de niños. Niños jugando, niños saltando, niños jugando
al fútbol. Uno de ellos pateó la pelota y rompió la vitrina. Me
quedé estupefacto, helado y sin palabras, solo me latía el corazón
a mucha velocidad.
-¿Qué es esto?
La cinta se estropeó
al instante y nunca más ni pudimos, ni quisimos verla.
Con Víctor
seguí quedando unas pocas veces más.
Después de aquella
tarde jamás volvimos a mencionar el tema. Al día siguiente a lo que
pasó, Víctor dejó el trabajo. De eso hacía un año ya.
Todo iba bien hasta
que hacía unos días...
-Por favor continúe.
Al periodista se le
cayó la cartera y la carpeta al ofrecerme una botella de agua.
-Deje, le ayudo a
recoger.
Me quedé en blanco,
tuve la misma sensación que hacía un año y era normal.
-disculpe, aquí
terminamos.
-¿Como? ¿pasa
algo?
Salí de allí como
pude y con excusas baratas.
Había visto en la cartera la foto de la
que supongo que era su hija, pero es que esa niña era una de las que
jugaban alrededor nuestro el día que hicimos la ouija. Y esto pasó
hace más de quince años.
A los pocos días, el periodista me envió varios correos, pero no tuvo respuesta por mi parte. Aquello a mi me aterrorizaba, no sabía como explicar eso, ni tenía intención, se reirían.
La cosa se tranquilizó. Hacía quince años que no hablaba del tema con nadie. Ni siquiera había vuelto a ver a Víctor. Mi vida había sido normal, la típica de cualquier persona, hasta hay una anécdota irónica que me pasó a los pocos meses de aquella noche. Me ofrecieron un puesto de trabajo en una fábrica de muñecos de estos de bebés.
Claramente lo rechacé. Me casé, tuve dos hijas y me divorcié. Ahora vivo en un piso en un pueblo bastante lejos de dónde ocurrió aquello. Me volví un poco ermitaño, me encerré en mi y así me he quedado. No me gusta mucho relacionarme con la gente. Estoy escribiendo todo esto porque quiero que quede constancia de una cosa que me ha pasado a mi. Me podrán creer o no, sinceramente me la pela. Dicho esto, voy con lo ocurrido.
Yo estaba en mi casa. Era lunes por la mañana y no me apetecía nada ir a trabajar, así que no fui, llamé diciendo que tenía que quedarme a cargo de mi madre enferma y no fui. Llevaba tiempo muy aburrido, sin motivación, sin ilusión, sin vida. Lo único que me hacía levantarme de la cama era la visita de mis hijas y tampoco venían mucho. La bruja de su madre, que a saber que cosas le decía de mi la muy... en fin.
El caso es que esa mañana tenía un hormigueo en la barriga, no sé, algo especial pasaba o iba a pasar. Y así fue. Sonó el timbre, bajé y abrí la puerta para ver quien era. El cartero me entregaba un paquete bastante grande, de unos setenta centímetros de alto y cuarenta de ancho. Firmé y lo dejé en el comedor mientras leía la carta que traía fuera grapada con dos fotos.
Mi cara cambió de registro cuando leí de quien venía. Esto es lo que me decía:
“Tío se que ha pasado mucho tiempo, es una locura que no nos hayamos visto en todo este tiempo cabrón. No me preguntes como he conseguido tu dirección, ya sabes que tu madre lo suelta todo. Espero que todo te vaya muy bien, si todo sale bien nos veremos y nos pondremos al día. Pero ahora la historia que me ocupa es otra. Leeme, atento a lo que te voy a contar”
Leí hasta aquí, la verdad que no me interesaba mucho saber sobre él, sinceramente.
Me volví a la cama, cogí mi bolsa de patatas y mi café y me dispuse a ver un documental sobre bichos venenosos.
Al día siguiente me di cuenta que mi casa estaba hecha una mierda. La tenía que limpiar porque ese finde venían mis niñas y no podían estar en este tugurio, así que me puse al lío.
Con una mano limpiándome el sudor y con la otra ocupada por el limpiacristales, ocupaba las dos horas que me quedaban para irme a trabajar.
A punto de dar el último repaso al salón, sonó el teléfono.
-¿Diga?
-Hombre, mucho tiempo ya , ¿eh?
No le reconocí la voz, le había cambiado a peor.
-Mmm, perdona pero tengo mucho lío y no sé quien eres.
-Coño, Santi, soy yo, Víctor, ¿tanto he cambiado?
-Hostias, Víctor, ¿que tal?
Mi voz no era una juerga precisamente, pero fue un poco shock, no me esperaba esa llamada.
-¿Leíste mi carta?
-Mmm, esto...no, no he podido todavía, me pillas bastante liado.
-Hazlo cuando puedas, como ponía en la caja era urgente.
-Vale tío, ya nos vemos.
-Espera, no cuelgues, tenemos que hablar.
-Mira Víctor. Hace más de quince años que no nos vemos y me llamas ahora con toda la confianza del mundo, lo siento mucho, pero no somos los mismos de antes.
-Mira, no sé que mierda te pasa, pero cuando leas la carta ponte en contacto conmigo, no se cuanto me queda de vida, hasta luego.
SI, no me esperaba esa respuesta, ya no lo consideraba un amigo, pero eso me sentó como un manguerazo de agua helada en pleno diciembre.
Pero lo leería al llegar a casa, en ese momento llegaba tarde al trabajo.
Al llegar a casa a las diez y media de la noche, lo primero que hice al llegar fue telefonear a la madre de mis hijas para ver a qué hora le venía bien que pasase a por ellas.
-Hola Beatriz, llamaba para ver a que hora te viene bien que pase a por las niñas.
-Me parece perfecto, pero no son horas razonables de llamar.
-Y que quieres que haga licenciada si sabes de sobra que salgo a esta hora de trabajar.
-Mira, conmigo no te pongas borde porque te mando a la mierda rápido.
-Perdona, mira, no llamo para discutir, solo quiero saber a la hora a la que puedo pasarme.
-A las doce va bien.
-Vale, ¿puedes pasarme con ellas?
-No, ya es tarde te he dicho antes.
-Bueno, perdóname, no quería sonar borde.
-No pasa nada.
Y la muy gilipollas me colgó antes de que yo pudiese decirle buenas noches, me dejó con la puta palabra en la boca.
Me preparé algo de cenar, un estupendo y trabajadísimo sandwich de pavo. Una delicia vamos. Las luces se fundieron cuando puse la televisión.
-Genial... eso pensé. Una estupenda noticia para un estupendo día de mierda.
Me fui al cajón y encendí 5 velas de color rojo. Una risa infantil se escuchó al otro lado del pasillo.
No hice caso pensando que serían sensaciones mías. Al encender la última vela, un deja vu me estrelló en la cabeza. Había tenido la misma sensación que aquella noche cuando Víctor y yo encendimos las velas en el museo. Todavía tenía el mismo hormigueo en la barriga que el día anterior.
Le di otro bocado al sandwich y volví a escuchar la risa, cosa que no me hizo gracia ninguna. Cogí una de las velas, y me dirigí al pasillo en busca de... ¿algo? No se oía nada, ni se veía así que me volví al salón. Cogí el teléfono y llamé a un vecino que vivía al otro lado del barrio para ver si también se le había ido la luz. Me dijo que si, que allí también, que era un fallo y gran parte del pueblo se había quedado a oscuras.
Algo en mi habitación se cayó al suelo porque se oyeron cristales. Y otra vez ese deja vu. Aquello ya no me daba igual y estaba bastante inquieto, no estaba cómodo.
Cogí el sandwich y lo tiré a la basura, me di cuenta que ni tenía hambre siquiera, me preocupaban otras cosas como por ejemplo mis hijas, y Víctor. Con todo el dolor de mi corazón dejé a mis hijas a un lado y mis pensamientos se centraron en Víctor. Fui abajo a por la carta y la continué.
“Yo no me he podido olvidar de aquella noche tío. De hecho he seguido investigando ese sitio. He buscado planos antiguos del edificio, he buscado en internet, hasta fui al archivo histórico para buscar información sobre el sitio y te cuento brevemente.
El edificio se fundó en 1903. los hermanos Montero se hicieron famosos enseguida por sus juguetes y ampliaron el museo. Empezaron a traer juguetes nacionales e internacionales. Uno de los paquetes que venían de fuera, lo trajo un hombre extraño junto con su hijo. Años después, y aquí viene lo gordo, hubo un asesinato múltiple infantil. Hubo una visita organizada por el colegio del pueblo en 1950, el museo estaba a tope y vino un grupo de turistas ingleses.
Una de las profesoras se despistó regañando a otro grupo y un grupo pequeño de chiquillos se fueron a la planta baja, donde tu y yo hicimos el espiritismo. Un tipo del grupo de los ingleses era pederasta y se le fue la pinza y se los cargó. Hubo mucho lío con eso, a una niña la mató golpeándole la cabeza con una muñeca de porcelana. A otro le aplastó la cara con su zapatilla y le puso una pelota que llevaba el niño en su cara. El alcalde de la época, lo tapó todo.
Donó a las familias de los niños fallecidos una cantidad importante de dinero para la época y huyeron del pueblo. Se tapó por completo. Todo. No hubo ni un cabo suelto. Hasta que en 1975, justo el día anterior a la muerte de Franco, el asesino regresó al edificio y jugó con una tabla ouija en el mismo sitio donde los mató, o sea, donde tu y yo jugamos también con el espiritismo. El caso es que el hombre a los dos años regresó, dijo que sentía culpa por su mala vida y antes de dejar una larga carta de más de treinta folios donde explicaba todo su historial delictivo, se quitó la vida. Una vez más, no quisieron escándalos, no querían que el museo se dejara de visitar, y se tapó. Se tapó hasta hace pocos años, que es más o menos desde que se viene diciendo que se oyen cosas raras allí.
Yo dejé el trabajo como bien sabes. Leí tu entrevista, algo debiste de ver porque el periodista te puso a parir y yo creo que ya se que es. Investigando un poco la vida del periodista, descubrí que su hija había sido una de las víctimas, por eso se interesó tanto en tu historia. La cosa está en el paquete que te he enviado, Santi. Sabes que el museo se cerró y que ahora no sé si lo sabes, pero se está intentando reabrir. El nuevo alcalde quiere recuperar el espíritu juguetero del pueblo. Yo antes de que empezasen las visitas para remodelar todo, me colé y robé la muñeca de porcelana que fue usada para el asesinato.
La de la vitrina, ¿recuerdas? Ten cuidado con ella, dicen que es peligrosa, hay gente que ha dicho que se ríe en la oscuridad. Espero tu respuesta, me gustaría que juntos acabásemos con todo esto, hay que destapar todo. Antes de que me digas nada, te diré que todo esto me lo ha contado mi tío, su abuelo se lo contó todo antes de morir, vivía en el pueblo y lo sabían todos. En internet no hay NADA, absolutamente nada, está demasiado bien encubierto. Un saludo Santi.”
Yo después de leer esa carta me quedé sin habla. En ese momento si que estaba realmente acojonado. No me pude ni mover para coger el paquete cuando volvía a oír la risa.
Me atreví y cogí el paquete, lo abrí y allí estaba esa muñeca con una cara digna de Charles Manson. Terrorífica. Volvió la luz. La dejé encima de la mesa y fui a por un vaso de agua, necesitaba agua urgentemente.
Demasiadas noticias para mi corazón. Miré a través del pasillo a la muñeca, que se veía desde la cocina la mesa del salón.
Di el último sorbo y se volvió a ir la luz que vino acompañado de otra risa. Volvió la luz y allí estaba la muñeca, a mi lado y mirándome fijamente.
Cogí mi vela que iluminaba más bien poco, guardé la muñeca en la caja y me fui al coche a dormir. El olor a humo de la vela apagada me despertó. Subí a casa me di una ducha y fui a recoger a las niñas.
Pasamos una tarde entretenida, la noche del sábado ya no lo fue tanto.
En la madrugada, mi hija pequeña, Sara, fue a la cocina a por un vaso de agua, le dio un trago y vino corriendo a mi habitación.
Le preguntaba que porque estaba tan asustada y me confesó que la niña de la oscuridad le había dicho que me iba a matar. Yo le dije que se calmase, que no pasaba nada y se quedó a dormir conmigo. Hasta ahí todo bien. La noche era fría y silenciosa, era una noche especial.
Algo notaba en la cama, como que mi espacio se había reducido a nada. Era mi hija mayor, Sofía, que también se había venido a dormir conmigo, su excusa era que una niña estaba a los pies de su cama riéndose, mientras cantaba aquella canción infantil: “Coge el pececito y devuélvelo al mar, si no tu conciencia va a quemar” ,
Era una habitación fría, como de otro siglo, entré para ver si ocurría algo pero nada, excepto la muñeca que estaba al final de la cama de mi hija. La dejé allí, cerré la puerta y los tres nos quedamos dormidos viendo Peter Pan.
Al día siguiente lo que hice fue llevárselas a su madre, mis propias hijas me decían que no querían pasar una sola noche más en esa casa, tenían miedo.
Media hora más tarde de la bronca de mi ex mujer, subí a casa, cogía la muñeca, que sin ninguna explicación y guardada en su caja, tenía la cara ensangrentada. Preparé una maleta pequeña para unos pocos días que pensaba pasar fuera y lo metí todo en el coche. Quería que Víctor me explicase porque me había enviado aquella muñeca,si después de tantos años yo ya me había olvidado, solo quería vivir mi vida tranquilamente. Ya ni pedía ser feliz.
Ya entrada la carretera telefoneé varias veces a Víctor, pero no hubo respuesta.
Al llegar al pueblo me dio un ataque de nostalgia que soltó alguna lágrima.
Me costaba mucho tener que volver a ver a cierta gente del pueblo, tener que contar a todos como me iba y saludar en general, una pereza importante.
Víctor no me respondía al teléfono y me ponía de los nervios.
No sabía nada de él, ni dónde vivía, ni donde trabajaba ni nada, es que no éramos amigos. Hace veinte años vale, pero ahora no nos conocíamos. Me planté en casa de su madre y llamé al timbre. La señora se alegro mucho de verme y se lanzó a mis brazos.
-Hombre Santi, cuanto tiempo, ¿que tal estás chico?
-Siempre viene bien volver al pueblo a ver como va la gente y eso...
-Pasa si quieres, pasa y me cuentas cosas nuevas.
-No, bueno... yo en realidad buscaba a Víctor, ¿sabes donde puedo encontrarle?
-A... ¿Víctor?
-Sí, quería hablar con él pero no le localizo.
-Santi, cariño...Víctor falleció hace años.
Mi cara era un poema.
-Perdon...Carmen, eso no es posible, hace unos días recibí una llamada suya, ¿como puede ser eso?
-Alguien te ha debido gastar una broma.
Mi cabeza no asimilaba lo que acababa de oír, pero su madre muy amablemente me resumió los últimos veinte años.
-Al poco de irte, Víctor se obsesionó con una historia sobre un museo, se pasaba el día rondando la zona y preguntando sobre un chico inglés de hacía siglos. Nadie le hizo caso claro, es más, le dijeron que si volvía a merodear por allí lo terminarían denunciando.
Un buen día me contó unas cosas sobre un asesinato o no se que, pero no quise saber nada, cariño. El colmo fue cuando apareció en casa con una muñeca antigua, muy fea, daba mucho miedo y yo no quería esa muñeca del demonio en casa.
La cosa se agravó mucho, decía que oía risas en su cuarto de noche y que los niños del museo le acosaban y que no podía dormir y mil cosas más que no tenían ni pies ni cabeza. Acabamos internándole y con su tratamiento aguantó un tiempo pero... el decía que no estaba loco, que no le tratasen como tal, que algún día se sabría la verdad, pero claro, ¿que verdad? Todos sabemos que Víctor era muy imaginativo y todos esos pájaros en la cabeza...mira no sé que le rondaría la cabeza pero decidió abrirse las venas con un bolígrafo. La escena fue horrible ya puedes imaginar. Dejó una nota donde decía que si algún día te volvía a ver, te diera esta nota y te dijera que, en este cacharro tenía el famoso vídeo de esa noche.
Yo nunca lo he entendido porque no sale nada, solo él y tu en el museo intentando contactar con a saber que. Nunca debisteis jugar con esas cosas. Él te quería mucho, ¿quieres decirle algo? Lo tienes delante.
Mi corazón ya empezaba a latir demasiado deprisa, cerca de la taquicardia. No sé si la palabra era tranquilizar, pero me calmó saber que se refería a sus cenizas.
Me dejó en su habitación y me llevé bastantes cosas para poder entender que es lo que le pasaba a Víctor, que había investigado y como es que se obsesionó tanto y lo más inquietante, quien era el que me había enviado esa carta y la llamada, o eso o yo también me estaba volviendo loco.
Había mil documentos, fotos, planos, periódicos antiguos,grabaciones de cámaras de seguridad antiguas, una locura audiovisual, no sé quien envió la carta pero lo que dentro ponía era todo cierto.
Lo primero que hice fue mirar el vídeo de aquella noche y debo decir que su madre estaba equivocada. En ese vídeo se veía todo lo que pasó, pero lo que pasó de verdad. Nosotros con la ouija y los niños alrededor... todo aquello me volvió a la cabeza, era una pesadilla.
Pregunté por el museo en el ayuntamiento, y también era cierto que lo estaban intentando reabrir. Era todo tan raro, tan inexplicable.
Lo que saqué en claro de todo esto y creo que es un buen resumen es lo siguiente:
Resulta que al poco de construir el edificio, los hermanos Montero se pelearon entre ellos y uno acabó con la vida del otro.
Se ocultó detrás de una pared y el hermano siguió con su vida. Se dijo que se marchó a América a abrir mercado, pero nunca más se supo de él. Cuando el hermano que quedaba falleció, el museo quedó a cargo del ayuntamiento y lo demás era real salvo un par de cosas. Los niños no murieron de esa forma tan sangrienta, ni tampoco por un inglés pederasta, fue un inglés si, pero era miembro de una de las sectas satánicas más famosas de gran bretaña. No describiré lo que hizo con los pobres chicos, pero si os digo lo peor, os podéis imaginar lo peor y más ruin que un ser humano pueda hacer.
Esa noche me costó dormir aún más que las anteriores. En un mal presagio me desperté y para mi sorpresa un hombre mayor, de barba blanca y el pelo alborotado no me quitaba ojo. Me incorporé y el hombre se desvaneció entre la puerta de mi habitación y la oscuridad sin dejar rastro. No sabía quien era, o si eran pesadillas mías...
Fui al museo por la noche, me colé. No había nada, solo polvo y rastros de paredes derruidas con muchas pintadas, se notaba que allí se había colado mucha gente para a saber qué cosas. Allí me sentía igual de vigilado o más que en mi casa. Algo no me quitaba el ojo de encima.
Abandoné el museo a la una de la madrugada y aunque la cosa me preocupaba decidí irme a mi casa, en la que ahora residía, no en la del pueblo.
Esa noche fue la última, ahí acabo todo y nunca tendré respuestas. Sufrí un aparatoso accidente, un camión de mercancía peligrosa se volcó y me cayó encima. No reconocieron mi cadáver hasta el día siguiente. El otro hombre también falleció.
Una vez me identificaron le comunicaron la noticia a mi ex mujer. Las niñas al tiempo de crecer, me visitaron y en la lápida y me dejaron un precioso ramo de amapolas. Yo podía verlas, sentirlas... ellas a mi por desgracia no. Esta siempre será una leyenda que podrá ser contada por mi, pero hasta aquí.
Mi niña abrazaba con fuerza a una muñeca, si, a la muñeca. Según entendí apareció en mi coche la noche del accidente.
Solo espero y deseo que mi hija no sea la que tenga que continuar la historia...
La medium me comunicó que se esfumó, alguien se lo había llevado. Yo no sé que pensar de todo esto, solo quiero que acabe ya. Era un buen padre, pero me ha dejado una herencia que no me pertenece. Pienso llegar hasta el final del asunto, cueste lo que cueste.
A los pocos días, el periodista me envió varios correos, pero no tuvo respuesta por mi parte. Aquello a mi me aterrorizaba, no sabía como explicar eso, ni tenía intención, se reirían.
La cosa se tranquilizó. Hacía quince años que no hablaba del tema con nadie. Ni siquiera había vuelto a ver a Víctor. Mi vida había sido normal, la típica de cualquier persona, hasta hay una anécdota irónica que me pasó a los pocos meses de aquella noche. Me ofrecieron un puesto de trabajo en una fábrica de muñecos de estos de bebés.
Claramente lo rechacé. Me casé, tuve dos hijas y me divorcié. Ahora vivo en un piso en un pueblo bastante lejos de dónde ocurrió aquello. Me volví un poco ermitaño, me encerré en mi y así me he quedado. No me gusta mucho relacionarme con la gente. Estoy escribiendo todo esto porque quiero que quede constancia de una cosa que me ha pasado a mi. Me podrán creer o no, sinceramente me la pela. Dicho esto, voy con lo ocurrido.
Yo estaba en mi casa. Era lunes por la mañana y no me apetecía nada ir a trabajar, así que no fui, llamé diciendo que tenía que quedarme a cargo de mi madre enferma y no fui. Llevaba tiempo muy aburrido, sin motivación, sin ilusión, sin vida. Lo único que me hacía levantarme de la cama era la visita de mis hijas y tampoco venían mucho. La bruja de su madre, que a saber que cosas le decía de mi la muy... en fin.
El caso es que esa mañana tenía un hormigueo en la barriga, no sé, algo especial pasaba o iba a pasar. Y así fue. Sonó el timbre, bajé y abrí la puerta para ver quien era. El cartero me entregaba un paquete bastante grande, de unos setenta centímetros de alto y cuarenta de ancho. Firmé y lo dejé en el comedor mientras leía la carta que traía fuera grapada con dos fotos.
Mi cara cambió de registro cuando leí de quien venía. Esto es lo que me decía:
“Tío se que ha pasado mucho tiempo, es una locura que no nos hayamos visto en todo este tiempo cabrón. No me preguntes como he conseguido tu dirección, ya sabes que tu madre lo suelta todo. Espero que todo te vaya muy bien, si todo sale bien nos veremos y nos pondremos al día. Pero ahora la historia que me ocupa es otra. Leeme, atento a lo que te voy a contar”
Leí hasta aquí, la verdad que no me interesaba mucho saber sobre él, sinceramente.
Me volví a la cama, cogí mi bolsa de patatas y mi café y me dispuse a ver un documental sobre bichos venenosos.
Al día siguiente me di cuenta que mi casa estaba hecha una mierda. La tenía que limpiar porque ese finde venían mis niñas y no podían estar en este tugurio, así que me puse al lío.
Con una mano limpiándome el sudor y con la otra ocupada por el limpiacristales, ocupaba las dos horas que me quedaban para irme a trabajar.
A punto de dar el último repaso al salón, sonó el teléfono.
-¿Diga?
-Hombre, mucho tiempo ya , ¿eh?
No le reconocí la voz, le había cambiado a peor.
-Mmm, perdona pero tengo mucho lío y no sé quien eres.
-Coño, Santi, soy yo, Víctor, ¿tanto he cambiado?
-Hostias, Víctor, ¿que tal?
Mi voz no era una juerga precisamente, pero fue un poco shock, no me esperaba esa llamada.
-¿Leíste mi carta?
-Mmm, esto...no, no he podido todavía, me pillas bastante liado.
-Hazlo cuando puedas, como ponía en la caja era urgente.
-Vale tío, ya nos vemos.
-Espera, no cuelgues, tenemos que hablar.
-Mira Víctor. Hace más de quince años que no nos vemos y me llamas ahora con toda la confianza del mundo, lo siento mucho, pero no somos los mismos de antes.
-Mira, no sé que mierda te pasa, pero cuando leas la carta ponte en contacto conmigo, no se cuanto me queda de vida, hasta luego.
SI, no me esperaba esa respuesta, ya no lo consideraba un amigo, pero eso me sentó como un manguerazo de agua helada en pleno diciembre.
Pero lo leería al llegar a casa, en ese momento llegaba tarde al trabajo.
Al llegar a casa a las diez y media de la noche, lo primero que hice al llegar fue telefonear a la madre de mis hijas para ver a qué hora le venía bien que pasase a por ellas.
-Hola Beatriz, llamaba para ver a que hora te viene bien que pase a por las niñas.
-Me parece perfecto, pero no son horas razonables de llamar.
-Y que quieres que haga licenciada si sabes de sobra que salgo a esta hora de trabajar.
-Mira, conmigo no te pongas borde porque te mando a la mierda rápido.
-Perdona, mira, no llamo para discutir, solo quiero saber a la hora a la que puedo pasarme.
-A las doce va bien.
-Vale, ¿puedes pasarme con ellas?
-No, ya es tarde te he dicho antes.
-Bueno, perdóname, no quería sonar borde.
-No pasa nada.
Y la muy gilipollas me colgó antes de que yo pudiese decirle buenas noches, me dejó con la puta palabra en la boca.
Me preparé algo de cenar, un estupendo y trabajadísimo sandwich de pavo. Una delicia vamos. Las luces se fundieron cuando puse la televisión.
-Genial... eso pensé. Una estupenda noticia para un estupendo día de mierda.
Me fui al cajón y encendí 5 velas de color rojo. Una risa infantil se escuchó al otro lado del pasillo.
No hice caso pensando que serían sensaciones mías. Al encender la última vela, un deja vu me estrelló en la cabeza. Había tenido la misma sensación que aquella noche cuando Víctor y yo encendimos las velas en el museo. Todavía tenía el mismo hormigueo en la barriga que el día anterior.
Le di otro bocado al sandwich y volví a escuchar la risa, cosa que no me hizo gracia ninguna. Cogí una de las velas, y me dirigí al pasillo en busca de... ¿algo? No se oía nada, ni se veía así que me volví al salón. Cogí el teléfono y llamé a un vecino que vivía al otro lado del barrio para ver si también se le había ido la luz. Me dijo que si, que allí también, que era un fallo y gran parte del pueblo se había quedado a oscuras.
Algo en mi habitación se cayó al suelo porque se oyeron cristales. Y otra vez ese deja vu. Aquello ya no me daba igual y estaba bastante inquieto, no estaba cómodo.Cogí el sandwich y lo tiré a la basura, me di cuenta que ni tenía hambre siquiera, me preocupaban otras cosas como por ejemplo mis hijas, y Víctor. Con todo el dolor de mi corazón dejé a mis hijas a un lado y mis pensamientos se centraron en Víctor. Fui abajo a por la carta y la continué.
“Yo no me he podido olvidar de aquella noche tío. De hecho he seguido investigando ese sitio. He buscado planos antiguos del edificio, he buscado en internet, hasta fui al archivo histórico para buscar información sobre el sitio y te cuento brevemente.
El edificio se fundó en 1903. los hermanos Montero se hicieron famosos enseguida por sus juguetes y ampliaron el museo. Empezaron a traer juguetes nacionales e internacionales. Uno de los paquetes que venían de fuera, lo trajo un hombre extraño junto con su hijo. Años después, y aquí viene lo gordo, hubo un asesinato múltiple infantil. Hubo una visita organizada por el colegio del pueblo en 1950, el museo estaba a tope y vino un grupo de turistas ingleses.
Una de las profesoras se despistó regañando a otro grupo y un grupo pequeño de chiquillos se fueron a la planta baja, donde tu y yo hicimos el espiritismo. Un tipo del grupo de los ingleses era pederasta y se le fue la pinza y se los cargó. Hubo mucho lío con eso, a una niña la mató golpeándole la cabeza con una muñeca de porcelana. A otro le aplastó la cara con su zapatilla y le puso una pelota que llevaba el niño en su cara. El alcalde de la época, lo tapó todo.
Donó a las familias de los niños fallecidos una cantidad importante de dinero para la época y huyeron del pueblo. Se tapó por completo. Todo. No hubo ni un cabo suelto. Hasta que en 1975, justo el día anterior a la muerte de Franco, el asesino regresó al edificio y jugó con una tabla ouija en el mismo sitio donde los mató, o sea, donde tu y yo jugamos también con el espiritismo. El caso es que el hombre a los dos años regresó, dijo que sentía culpa por su mala vida y antes de dejar una larga carta de más de treinta folios donde explicaba todo su historial delictivo, se quitó la vida. Una vez más, no quisieron escándalos, no querían que el museo se dejara de visitar, y se tapó. Se tapó hasta hace pocos años, que es más o menos desde que se viene diciendo que se oyen cosas raras allí.
Yo dejé el trabajo como bien sabes. Leí tu entrevista, algo debiste de ver porque el periodista te puso a parir y yo creo que ya se que es. Investigando un poco la vida del periodista, descubrí que su hija había sido una de las víctimas, por eso se interesó tanto en tu historia. La cosa está en el paquete que te he enviado, Santi. Sabes que el museo se cerró y que ahora no sé si lo sabes, pero se está intentando reabrir. El nuevo alcalde quiere recuperar el espíritu juguetero del pueblo. Yo antes de que empezasen las visitas para remodelar todo, me colé y robé la muñeca de porcelana que fue usada para el asesinato.
La de la vitrina, ¿recuerdas? Ten cuidado con ella, dicen que es peligrosa, hay gente que ha dicho que se ríe en la oscuridad. Espero tu respuesta, me gustaría que juntos acabásemos con todo esto, hay que destapar todo. Antes de que me digas nada, te diré que todo esto me lo ha contado mi tío, su abuelo se lo contó todo antes de morir, vivía en el pueblo y lo sabían todos. En internet no hay NADA, absolutamente nada, está demasiado bien encubierto. Un saludo Santi.”
Yo después de leer esa carta me quedé sin habla. En ese momento si que estaba realmente acojonado. No me pude ni mover para coger el paquete cuando volvía a oír la risa.
Me atreví y cogí el paquete, lo abrí y allí estaba esa muñeca con una cara digna de Charles Manson. Terrorífica. Volvió la luz. La dejé encima de la mesa y fui a por un vaso de agua, necesitaba agua urgentemente. Demasiadas noticias para mi corazón. Miré a través del pasillo a la muñeca, que se veía desde la cocina la mesa del salón.
Di el último sorbo y se volvió a ir la luz que vino acompañado de otra risa. Volvió la luz y allí estaba la muñeca, a mi lado y mirándome fijamente.
Cogí mi vela que iluminaba más bien poco, guardé la muñeca en la caja y me fui al coche a dormir. El olor a humo de la vela apagada me despertó. Subí a casa me di una ducha y fui a recoger a las niñas.
Pasamos una tarde entretenida, la noche del sábado ya no lo fue tanto.
En la madrugada, mi hija pequeña, Sara, fue a la cocina a por un vaso de agua, le dio un trago y vino corriendo a mi habitación.
Le preguntaba que porque estaba tan asustada y me confesó que la niña de la oscuridad le había dicho que me iba a matar. Yo le dije que se calmase, que no pasaba nada y se quedó a dormir conmigo. Hasta ahí todo bien. La noche era fría y silenciosa, era una noche especial.
Algo notaba en la cama, como que mi espacio se había reducido a nada. Era mi hija mayor, Sofía, que también se había venido a dormir conmigo, su excusa era que una niña estaba a los pies de su cama riéndose, mientras cantaba aquella canción infantil: “Coge el pececito y devuélvelo al mar, si no tu conciencia va a quemar” ,
Era una habitación fría, como de otro siglo, entré para ver si ocurría algo pero nada, excepto la muñeca que estaba al final de la cama de mi hija. La dejé allí, cerré la puerta y los tres nos quedamos dormidos viendo Peter Pan.Al día siguiente lo que hice fue llevárselas a su madre, mis propias hijas me decían que no querían pasar una sola noche más en esa casa, tenían miedo.
Media hora más tarde de la bronca de mi ex mujer, subí a casa, cogía la muñeca, que sin ninguna explicación y guardada en su caja, tenía la cara ensangrentada. Preparé una maleta pequeña para unos pocos días que pensaba pasar fuera y lo metí todo en el coche. Quería que Víctor me explicase porque me había enviado aquella muñeca,si después de tantos años yo ya me había olvidado, solo quería vivir mi vida tranquilamente. Ya ni pedía ser feliz.
Ya entrada la carretera telefoneé varias veces a Víctor, pero no hubo respuesta.
Al llegar al pueblo me dio un ataque de nostalgia que soltó alguna lágrima.
Me costaba mucho tener que volver a ver a cierta gente del pueblo, tener que contar a todos como me iba y saludar en general, una pereza importante.
Víctor no me respondía al teléfono y me ponía de los nervios.
No sabía nada de él, ni dónde vivía, ni donde trabajaba ni nada, es que no éramos amigos. Hace veinte años vale, pero ahora no nos conocíamos. Me planté en casa de su madre y llamé al timbre. La señora se alegro mucho de verme y se lanzó a mis brazos.
-Hombre Santi, cuanto tiempo, ¿que tal estás chico?
-Siempre viene bien volver al pueblo a ver como va la gente y eso...
-Pasa si quieres, pasa y me cuentas cosas nuevas.
-No, bueno... yo en realidad buscaba a Víctor, ¿sabes donde puedo encontrarle?
-A... ¿Víctor?
-Sí, quería hablar con él pero no le localizo.
-Santi, cariño...Víctor falleció hace años.
Mi cara era un poema.
-Perdon...Carmen, eso no es posible, hace unos días recibí una llamada suya, ¿como puede ser eso?
-Alguien te ha debido gastar una broma.
Mi cabeza no asimilaba lo que acababa de oír, pero su madre muy amablemente me resumió los últimos veinte años.
-Al poco de irte, Víctor se obsesionó con una historia sobre un museo, se pasaba el día rondando la zona y preguntando sobre un chico inglés de hacía siglos. Nadie le hizo caso claro, es más, le dijeron que si volvía a merodear por allí lo terminarían denunciando.
Un buen día me contó unas cosas sobre un asesinato o no se que, pero no quise saber nada, cariño. El colmo fue cuando apareció en casa con una muñeca antigua, muy fea, daba mucho miedo y yo no quería esa muñeca del demonio en casa.
La cosa se agravó mucho, decía que oía risas en su cuarto de noche y que los niños del museo le acosaban y que no podía dormir y mil cosas más que no tenían ni pies ni cabeza. Acabamos internándole y con su tratamiento aguantó un tiempo pero... el decía que no estaba loco, que no le tratasen como tal, que algún día se sabría la verdad, pero claro, ¿que verdad? Todos sabemos que Víctor era muy imaginativo y todos esos pájaros en la cabeza...mira no sé que le rondaría la cabeza pero decidió abrirse las venas con un bolígrafo. La escena fue horrible ya puedes imaginar. Dejó una nota donde decía que si algún día te volvía a ver, te diera esta nota y te dijera que, en este cacharro tenía el famoso vídeo de esa noche.
Yo nunca lo he entendido porque no sale nada, solo él y tu en el museo intentando contactar con a saber que. Nunca debisteis jugar con esas cosas. Él te quería mucho, ¿quieres decirle algo? Lo tienes delante.
Mi corazón ya empezaba a latir demasiado deprisa, cerca de la taquicardia. No sé si la palabra era tranquilizar, pero me calmó saber que se refería a sus cenizas.
Me dejó en su habitación y me llevé bastantes cosas para poder entender que es lo que le pasaba a Víctor, que había investigado y como es que se obsesionó tanto y lo más inquietante, quien era el que me había enviado esa carta y la llamada, o eso o yo también me estaba volviendo loco.
Había mil documentos, fotos, planos, periódicos antiguos,grabaciones de cámaras de seguridad antiguas, una locura audiovisual, no sé quien envió la carta pero lo que dentro ponía era todo cierto.Lo primero que hice fue mirar el vídeo de aquella noche y debo decir que su madre estaba equivocada. En ese vídeo se veía todo lo que pasó, pero lo que pasó de verdad. Nosotros con la ouija y los niños alrededor... todo aquello me volvió a la cabeza, era una pesadilla.
Pregunté por el museo en el ayuntamiento, y también era cierto que lo estaban intentando reabrir. Era todo tan raro, tan inexplicable.
Lo que saqué en claro de todo esto y creo que es un buen resumen es lo siguiente:
Resulta que al poco de construir el edificio, los hermanos Montero se pelearon entre ellos y uno acabó con la vida del otro.
Se ocultó detrás de una pared y el hermano siguió con su vida. Se dijo que se marchó a América a abrir mercado, pero nunca más se supo de él. Cuando el hermano que quedaba falleció, el museo quedó a cargo del ayuntamiento y lo demás era real salvo un par de cosas. Los niños no murieron de esa forma tan sangrienta, ni tampoco por un inglés pederasta, fue un inglés si, pero era miembro de una de las sectas satánicas más famosas de gran bretaña. No describiré lo que hizo con los pobres chicos, pero si os digo lo peor, os podéis imaginar lo peor y más ruin que un ser humano pueda hacer.
Esa noche me costó dormir aún más que las anteriores. En un mal presagio me desperté y para mi sorpresa un hombre mayor, de barba blanca y el pelo alborotado no me quitaba ojo. Me incorporé y el hombre se desvaneció entre la puerta de mi habitación y la oscuridad sin dejar rastro. No sabía quien era, o si eran pesadillas mías...
Fui al museo por la noche, me colé. No había nada, solo polvo y rastros de paredes derruidas con muchas pintadas, se notaba que allí se había colado mucha gente para a saber qué cosas. Allí me sentía igual de vigilado o más que en mi casa. Algo no me quitaba el ojo de encima.
Abandoné el museo a la una de la madrugada y aunque la cosa me preocupaba decidí irme a mi casa, en la que ahora residía, no en la del pueblo.
Esa noche fue la última, ahí acabo todo y nunca tendré respuestas. Sufrí un aparatoso accidente, un camión de mercancía peligrosa se volcó y me cayó encima. No reconocieron mi cadáver hasta el día siguiente. El otro hombre también falleció.
Una vez me identificaron le comunicaron la noticia a mi ex mujer. Las niñas al tiempo de crecer, me visitaron y en la lápida y me dejaron un precioso ramo de amapolas. Yo podía verlas, sentirlas... ellas a mi por desgracia no. Esta siempre será una leyenda que podrá ser contada por mi, pero hasta aquí.Mi niña abrazaba con fuerza a una muñeca, si, a la muñeca. Según entendí apareció en mi coche la noche del accidente.
Solo espero y deseo que mi hija no sea la que tenga que continuar la historia...
La medium me comunicó que se esfumó, alguien se lo había llevado. Yo no sé que pensar de todo esto, solo quiero que acabe ya. Era un buen padre, pero me ha dejado una herencia que no me pertenece. Pienso llegar hasta el final del asunto, cueste lo que cueste.

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