viernes, 3 de junio de 2016

Tiempo


Cuando eres pequeño y... no sé, estás en una clase de matemáticas por ejemplo, uno piensa: ¡por favor, que pase el tiempo lo más rápido posible! O, cuando uno está enamorado piensa: ¡que se congele el tiempo!. 

En cuestión, el tiempo es lo que hay que vivir. El mal tiempo, el buen tiempo, hasta del tiempo aburrido se puede sacar algo bueno. A algunos como es lógico, les gusta más el tiempo soleado. A otros nublado, lluvioso... o incluso a algunos tormenta. 

El tiempo. ¿Qué es el tiempo? Cada uno lo aprovecha, o malgasta, según se mire, en lo que cree que realmente vale la pena. Hasta que llega alguien que te corta el tiempo de raíz. Alguien sin escrúpulos, perturbado mental, alguien que está solo. Alguien que disfruta con el sufrimiento de los demás.

Aunque desde pequeños nos enseñan que el bien siempre gana, no es cierto. Y que se me entienda bien, no vengo con mi historia a fastidiar la infancia a ningún niño, ni siquiera a opinar sobre la educación que los padres dan o la que creen que es mejor, simplemente es mi opinión.

El mundo en el que vivimos está lleno de maldad, también hay bondad claro, pero seamos sinceros, es minoría. Robos, torturas, abusos de poder, bullyng, violaciones y un amplio catálogo de maldades que escandalizarían al mismísimo Ed Gein.

Yo soy de la opinión de que, sobre todo en la infancia , hay que enseñarles la cara oculta del mundo. Por supuesto de la forma en que se lo contarías a un niño de cuatro o cinco años. Hay que decirles malo y lo bueno, porque sino puedes romperles el alma y nunca entiendan ciertas cosas, luego no pueden llevar una vida normal como es mi caso.
Cuando me ocurrió, yo tenía cuatro tres años, al día siguiente hacía los cuatro.

Iba camino a la escuela con mi madre. 
Ese día iba a repartir en clase las invitaciones de mi cumpleaños que había escrito la tarde anterior con la ayuda de mi padre. Mi madre hizo algo de lo que se arrepentiría de por vida, aunque obviamente no fue culpa suya. Entró a comprar tabaco a un estanco y me dejó fuera.
-No tardo cariño, espera aquí fuera que hoy hace buen tiempo.
-Vale mami.
Entro y al salir no me encontró. Yo tenía tres años y no me volvería a ver hasta los veinticuatro, es decir, casi veinte años después.

Un tipo, por llamarle de alguna manera, tuvo la brillante idea de secuestrar un niño. yo. Por lo visto lo tenía todo preparado, nos había seguido durante semanas.
Al entrar mi madre al estanco, aquel hombre me puso un saco encima, me ató y me metió en una furgoneta. 
Según tengo entendido el tipo pretendía matar a mi madre y cogerme a mi, pero no hizo falta.
Una vez en la casa, me quitó el saco y sin mediar palabra, me llevó al sótano.

 Allí había una minúscula habitación. Me desmayé, allí hacía un olor demasiado fuerte, como a podrido, algo normal si tenemos en cuenta que allí había dos niños vestidos de uniforme muertos.
El sitio era muy húmedo, muy mugriento y sucio.
 Desde ese momento hasta que hice los quince o dieciséis años, no recuerdo nada, por alguna razón mi cerebro lo ha borrado, y casi que mejor.

Allí pasé mucho tiempo, en el que pensé, soñé, imaginé. 
Me vengo abajo pensando que a esa edad y ni siquiera sabía leer. 
Lo que más hice fue recordar a mi madre, solo tenía una imagen en la cabeza. La de mi preciosa madre entrando al estanco. 
Aguanté como pude hasta los veintitrés años a base de palizas y violaciones en ese sitio tan asqueroso, y con mis dos compañeros, ya esqueléticos. Hablaba con ellos para no volverme loco, ese señor nunca me dirigió la palabra.

Desde hacía dos años a esta parte, mi cabeza comenzó a pensar un plan para poder escapar de allí, era algo sencillo que intenté dos veces pero me cogió con las manos en la masa. Mi plan era muy inocente, pegarle y salir corriendo. 
El día de antes de cumplir los veinticuatro, ese día fue el que me escapé. 
Cuando el hombre me trajo la comida, sobre las dos de la tarde más o menos, me la dejó en la mesa. Se acercó a abusar de mi, algo a lo que ya estaba más que acostumbrado, cogí el cráneo de mi compañero y le machaqué hasta que parecía muerto. Cogí las llaves y me marché corriendo. Lo primero que hice al ver la luz del sol por primera vez en tanto tiempo, fue desmayarme, otra cosa que me pasaba muy a menudo. 
Tenía el pelo mayormente blanco. Parecía veinte años mayor de lo que era. 

Un mes más tarde el tipo se suicidó en la cárcel, el muy cobarde. 
Se investigó y se descubrió que los dos niños esqueléticos pertenecían a sus hijos, que meses antes de mi secuestro, abusó de ellos y los torturó hasta la muerte. A su mujer la tenía enterrada en el jardín, una lápida preciosa, que cuando le preguntaban decía que era su perro Scott.
El reencuentro con mi madre fue curioso, yo tenía tantas ganas de abrazarla...que no la reconocí, estaba muy consumida por la vida, pero a día de hoy no nos separamos ni para ir al baño. La quiero con locura. Locura, que preciosa palabra ¿no?. Mi padre murió cinco años atrás culpa de un cáncer asqueroso.

Ahora creo que soy medianamente feliz. Me he apuntado a una escuela de adultos y he aprendido a leer y a escribir. Tengo novia y buenos amigos.
 Estoy aprendiendo a tener madre. Me encantan los libros, sobre todo las historias de amor y las historias de ciencia ficción. Quiero escribir, quiero viajar, quiero vivir. Desde ese día tan fatídico mi palabra favorita es y será libertad.
Ahora me toca a mi. 

No busco comprensión, ni busco fama, ni admiración por mi superación. 
Solo es un acto de justicia que paradógicamente no tiene justificación. Pienso quitar el tiempo que me arrebataron a mi. No soy ningún perturbado, pero necesito esto. Pienso quitarle a otros niños inocentes, el tiempo.

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