martes, 28 de junio de 2016

El refugio

-No tia no creo k pueda ir.

-Y eso?

-mis padres, k kieren k vaya a un funeral de un señor k no conozco!!!

-Joer tía, que cabrones.

-Ya tia. Luego ablamos. -Amanda tiró su teléfono con rabia en el asiento de al lado que estaba vacío -es que no entiendo a santo de que tenemos que ir a un funeral de un señor que me la suda, vosotros vale, pero a mi no me obliguéis- respondió con un tono casi amenazante.

-Bueno ya está bien, tu irás donde te digamos, joder con la niña de los cojones- dijo su padre muy alterado.

-Enrique, por favor – añadió la madre intentando calmar los ánimos.

-No, es que ya está bien la tontería. Llevamos dos horas de coche aguantando el mismo sermón de la caprichosa esta, y no puedo más. Tengo la cabeza como un bombo, así que o te callas Amandita o te vas a quedar sin móvil una semana -advirtió.

-Si claro claro, lo que tu digas- respondió entre dientes y en tono burlón-
-María Jesús, como tu hija me vuelva a hacer burla la vamos a tener.

-Amanda por favor- añadió la madre con la misma intención de antes-
Amanda se cruzó de brazos y torció el gesto mientras se quedaba observando el paisaje monótono de la carretera.

Después de la discusión y más de treinta kilómetros de tramo, el padre observó que no tardaría más de hora y media en caer una buena tormenta. El camino era largo. Una ciudad diferente requería demasiada gasolina en el depósito, pero el patriarca de la familia no lo debió ver así y puso para setenta kilómetros, noventa menos de lo que había previsto.
-Enrique, te has perdido, ¿verdad?


-María Jesús, no me pongas nervioso que no quiero discutir -dijo ofendido-
-Anda Amanda hija, mira el mapa por favor.

-Amanda hija, no mires nada que tu padre sabe perfectamente por donde va – repuso aún más ofendido- La madre, sin hacer caso a su marido guiñó un ojo a su hija para que mirase el mapa, pero el padre se percató, se giró y gritó exaltado.

-Amanda coño, que no mires el mapa ¿como te lo tengo que decir?

-¡Papá cuidado!

Enrique dio un volantazo para no atropellar a un ciervo que allí había y reventó una rueda quedándose al margen de la carretera. El ciervo salió corriendo.

Los tres abandonaron el vehículo sanos y salvos.

-¡Joder! Y ahora la rueda. Sin gasolina y sin rueda, de puta madre. ¡DE PUTA MADRE! -dijo  Enrique gritando mientras pateaba la rueda defectuosa.

-Amanda, saca el mapa por favor.

Amanda sacó el mapa y lo extendió en el capó del coche ocupando la mayor parte.

-Hija, sé perfectamente en que sitio estamos, guarda ya el dichoso mapa.

-Papá, estamos en mitad de ninguna parte. Esto es una carretera secundaria abandonada y según el GPS todavía quedan unos ochenta y siete kilómetros más o menos.

-Madre del amor hermoso -adjuntó la madre.

-Amanda, hazme el favor. Mira a ver si hay algún pueblo cercano y yo mismo iré a por gasolina y llamaré a la grúa.

Amanda levantó el teléfono buscando señal de cobertura, pero el intento fue en vano. -Papá, no hay señal, pero según el mapa hay uno pequeño a quince kilómetros.

-Pues tendré que ir. Esperadme aquí.

-Enrique no nos vamos a quedar aquí solas. Nos vamos contigo.

-No, de ninguna manera, ¿y si nos roban el coche?

-¿Y si nos atracan a nosotras?

-Papá, mamá... -hizo una pausa dramática- tenemos más posibilidades de llegar en menos tiempo cruzando la montaña que yendo por la carretera.

-De ninguna manera hija, además en cualquier momento empezará a llover.

-Bueno, pero nos podremos quedar en el refugio.

-¿Que refugio? -dijo el padre con sorpresa-

-Pues uno que figura aquí en el mapa. -señaló el mapa y leyó en voz alta- Refugio de amigos de las montañas.

-No sé yo... -Enrique no se terminaba de fiar del todo- ¿y si ese mapa es antiguo? -dijo con desconfianza-

-Enrique, lo compré antes de salir en la gasolinera -dijo respaldando la propuesta de su hija-

-Aún así no me fío -recalcó-

-Papá, tu haz lo que quieras, yo me voy por aquí – y comenzó a subir por la senda-


-Espera hija, me voy contigo, Enrique, coge el agua del maletero y ahora nos alcanzas- dijo María Jesús mientras se alejaba tropezándose con los tacones- ahhh, que me mato-

-Es que ir con tacones... que íbamos de funeral cariño, no de boda -ironizó-

Enrique cogió la botella de agua, se ajustó la corbata y se quitó la chaqueta, la dejó dentro y se dirigió a alcanzarlas.

Tras una pendiente llena de hierbajos altos y árboles enormes, asomaban tres cabezas con gesto de cansancio que parecían cerrar la tarde trayendo consigo una tormenta que empezaba a mostrar sus primeros síntomas.

-¿Lo veis? No me equivocaba, ahí está -señaló con el índice la vieja casa-

-Ya era hora, no puedo más, tengo los pies destrozados -Dijo feliz por encontrar el ansiado refugio-

Enrique abrió la puerta. -Parece que no hay nadie- dijo mientras estallaba una tormenta.

-Menos mal que no nos ha pillado antes -dijo aliviada mientras se quitaba los tacones.

-Menudo cuadro. En el campo, con tacones y encima tormenta...con lo feliz que estaría yo ahora mismo en valencia con Manu -fantaseó-

Enrique besaba la mano de María Jesús mientras Amanda intentaba buscar cobertura en el móvil. Un grito resonó en la planta de arriba con furia.

-¿Qué es eso? Nos largamos -contestó asustada y con los tacones en la mano-

Enrique se dirigió hacia las escaleras para intentar averiguar que ocurría y sin esperarlo un joven apareció con las manos llenas de sangre sujetando en la izquierda un cutter.

-¡¡¡JODER!!! -gritó Rafa, que así se llamaba el joven, mientras las dos mujeres se acurrucaban en una esquina presa del pánico.

-Suelta eso por favor, no quiero pelearme con nadie, ya nos vamos de este lugar -le ofreció el padre-

-ja ja ja. ¿pero por quién me tomas? Estaba ayudando a mi amiga con... -dudó- un momento, ¿vosotros que hacéis aquí? -preguntó entusiasmado-

-Pues se nos ha quedado el coche sin gasolina y hemos tenido que seguir a pie -confesó a regañadientes y sin quitar ojo a las manos-

Rafa se daba cuenta que no le quitaba ojo a las manos -Tranquilo coño que no os voy a hacer nada-

-Discúlpame, pero no es muy tranquilizador ver a un tío con las manos ensangrentadas con un cutter mientras se oyen gritos.

-Pues relajaos, mi amiga se ha caído y se ha hecho una herida considerable que no paraba de sangrar, y al ir a coserla no tenía a mano nada más que este cutter. Por cierto, ¿os quedáis a cenar? -ofreció- puff, la que está cayendo en un momento, ¿no? -dijo en un tono amigable-

Habían pasado cerca de veinte minutos y la cosa parecía calmada, salvo por el padre que no dejaba de pensar en el coche.
Un trueno cayó cerca.

-Bueno, y, ¿hacia donde os dirigíais?

-Íbamos al funeral de un familiar -soltó la madre algo tensa-

-Vaya, lo siento, no quería... -Enrique interrumpió- -no te preocupes, era un familiar lejano, tampoco teníamos trato.

Amanda puso un gesto de enfado. -¿y me obligábais a ir? Flipo.
-Amanda por favor -repuso la madre-

Rafa que vio la situación familiar tensa se ofreció para preparar algo de cena.
-¿os apetece cenar?

-No, muchas gracias, tenemos bocatas, los del camino, que un viaje tan largo ya se sabe.

-Cariño, saca los bocatas. -dijo María Jesús-

Amanda que aún seguía enfadada se sorprendió. -Pero...si los bocatas los traías tu mamá -dijo-

-¿Yo? -dijo con tono de sorpresa-

-Bueno, no os preocupéis, yo tengo aquí de todo. Pensaba hacer una barbacoa pero con este temporal...poco podemos hacer. Pero tenemos anchoas, sardinillas, atún, bocadillos de jamón y queso, dos paellas con gambas y conejo al ajillo, ¿que os apetece? -ofreció-

-Si que tenéis cosas para una sola noche -dijo sorprendido-

-Bueno, es que no era para una sola noche, Lucía y yo llevamos varias ya aquí, que por cierto, estará ya al bajar -dudó- ¡¡Lucía!! ¿bajas? -dijo dando una voz-

-Si, no hace falta que grites -soltó en un tono borde-

-Familia, esta es Lucía, mi chica.

Todos asintieron en señal de afecto, pero Lucía los miró con desprecio a lo que Rafa la exculpó. -Disculpadla, está cansada.

Amanda interrumpió con la mirada para preguntar por el baño.

-Está arriba, pero ve con cuidado, con el temporal la luz del baño falla, puede que ni funcione ahora. La segunda puerta a la izquierda.

Amanda subió por las escaleras para poder orinar después de dos horas de caminata mientras Lucía la miraba con cara de pocos amigos.

-Y vosotros, ¿como es que estáis aquí?

Amanda llegó al final de la escalera buscando la puerta del baño, no la vio apenas por la oscuridad, lo que si vio fue a una chica de espaldas sentada en una silla y completamente a oscuras.

-Disculpa, lo siento, pensaba que el servicio estaba aquí, ¿es esta puerta? -Señaló con desgana-

-Pues llevamos dos días aquí. Nos dedicamos al tema audiovisual, hacemos documentales sobre los refugios de pueblos con encanto, como este por ejemplo.

-¿Vivís de eso? -preguntó en un tono descarado-

-Enrique por favor -disculpó a su marido-

-No, no se preocupe señora -rió- vivimos de ellos si, realmente se sorprendería la cantidad de dinero que la gente está dispuesta a pagar por este tipo de vídeos.

-Lo que da de sí una casa vieja para montañeros aburridos -dijo Enrique con desprecio-

-No lo sabe usted bien señor, no lo sabe usted bien -dijo con una sonrisa pícara-

Amanda se acercó a la chica creyéndola dormida, puesto que no le respondía. Al acercarse demasiado, vio algo que no esperaba. La chica que allí estaba sentada, no solo estaba con la cara llena de heridas, sino que también estaba amordazada y con el tabique de la nariz roto, lo que le había provocado una hemorragia imparable provocando su muerte.-

Amanda presa del pánico se giró para salir huyendo pero un golpe en la cabeza con una pesada barra de hierro lo impidió. Lucía limpiaba la sangre de la barra de hierro mientras murmuraba cosas del estilo “puta cría metomentodo”.

Enrique escuchó el ruido y miró hacia el techo. -¿que ha sido eso?

El matrimonio se levantó y se dirigió arriba para ver que había sucedido mientras Rafa ni se inmutaba, lo que le provocó una sonrisa curiosa.

Al llegar arriba, se encontraron a Amanda tirada en el suelo. Enrique se acercó y la abofeteó para que despertase. María Jesús rompió a llorar al ver a la chica amordazada y cubierta de sangre.

Mientras Enrique abofeteaba a su hija, una voz de película resonó desde abajo a la vez que la tormenta aumentaba.

-Bien señores, ahora que nos habéis descubierto, que empiece el juego -enfatizó en esta última frase, dio dos aplausos y se apagó la luz-

Amanda abrió los ojos mientras su padre le tapaba la boca para no hacer ruido.

-Por favor, cariño, cállate, concéntrate -le decía en voz baja- tenemos que salir de aquí cuanto antes.

Un pilotito rojo se encendió al otro lado de la habitación mientras se escuchaba una risa que vino acompañada de una frase. -Me temo que no -susurró Lucía y acto seguido golpeó a la pareja con fuerza.

Una visión borrosa se cruzó en la mente de Enrique. Cuando pudo abrir los ojos, se percató de que estaba amordazado y sentado en una silla junto con su mujer y su hija. Miró a su lado y se dio cuenta que también había una chica allí con ellos. Ninguno entendía nada. Hasta que una voz burlona parecía explicarles lo que les deparaba el destino.

-Ah, veo que ya estáis despiertos. Bien, eso me alegra, así estáis conscientes durante este juego, en el que vais a perder -hizo un gesto de mofa y ahí cortó la frase- ahora mi compañera os explicará en que consiste, aunque debemos retirar a papá, Lucía se ha emocionado demasiado rápido y no parece carburar bien.

Lucía se chupaba los dedos llenos de sangre del padre mientras Rafa retiraba la silla con el padre semi inconsciente. -Lucía, cariño, tira a este hombre por las escaleras que la habitación es estrecha y aquí todos no cabemos.

Lucía lo tiró atado a la silla por las escaleras. Se oyó como se fracturaba varios huesos mientras se le oía llorar a través de la mordaza.

-Bueno, ante todo, disculpad mi carácter tan seco, no soy yo, es mi personaje. Debéis comprenderlo. Bien, ahora Rafa y yo vamos a torturaros todo lo salvajemente que se nos ocurra con estas herramientas -sacó un arsenal bastante completo mientras Rafa sacaba una motosierra.

-No os preocupéis, esto es para lo último. -añadió mientras se limpiaba el sudor de la frente-

Amanda lanzó un grito mudo. Lucía se acercó y le quitó la mordaza. -decías algo?

-Eres una puta loca, sois unos putos locos -dijo mientras le lanzaba un escupitajo-

Lucía limpió las babas de su cara y le propinó una bofetada que sonó con eco. Rafa por su parte intentó separar a Lucía de su ira. -Estate quieta cojones, ¿que pretendes? ¿Acabar sin tener material? -le reprochó señalando a la cámara de vídeo que seguía con el piloto rojo encendido-

-Vale, vale. Lo siento. Se me ha ido de las manos, pero que sepas que por eso vas a sufrir y mucho.

Se limpió el resto de babas que le quedaban y prosiguió enfadada. -¨¿Sabéis lo que son las snuffs movies? -dijo mientras miraba a rafa con ganas- pues vais a ser los protagonistas de la nuestra -le lanzó a rafa un cuchillo.

-Son torturas, asesinatos reales grabados para que un determinado tipo de público disfrute, que de eso nos encargamos los directores -se señaló y a Lucía también- luego las subimos a una web y la gente puja por ver las más violentas. La gente está muy enferma -añadió sonriendo-

A María Jesús se le escapó una lágrima. Lucía se acercó y la acarició suavemente. -Oh, no llores, si no te va a doler -dudó- ah si, si te va a doler -dijo mientras se reía descaradamente-

Rafa levantó el cuchillo en plan maestro de ceremonias y habló. -Bueno, señores, señoras, después de la breve sinopsis, comencemos el rodaje. Em-pe-za-re-mos por -vaciló a madre e hija- ti -señaló a la madre que no cesaba en su llanto. Rafa se colocó una mascarilla y se puso un traje desechable. -Lucía, cariño, alcánzame los alicates hazme el favor. Lucía se los pasó y rafa movió los brazos como si empezase a dirigir una orquesta. -Luces, cámara y...acción -repuso con entusiasmo mientras María Jesús lloraba-

Rafa acercaba los alicates a la boca de la madre mientras cantaba una canción infantil y sonreía. Le metió los alicates dentro y la cabeza de la madre no dejaba de moverse. Lucía sujetó su cabeza atizándole con la barra de hierro. Rafa le arrancó la lengua sin remordimientos mientras la mostraba a cámara como señal de trofeo. -Shhh, tranquila, tranquila, si esto no ha hecho más que empezar, eso no es nada cielo. Al terminar esa frase, las luces, junto con la tormenta abandonaron el lugar.

-¿Y ahora que cojones pasa? -dijo alterado- Tranquilízate, habrán saltado los plomos por el temporal. -dijo Lucía en tono tranquilizador-

-Chicas, no podemos continuar hasta que no esté aquí Lucía.

Lucía apoyó la barra en la puerta del baño y se dirigió hacia las escaleras, resbalándose con un líquido. -joder, te has meado, cerda. -dijo mientras le daba una colleja a Amanda.
Bajó las escaleras y va a los plomos.

Amanda, que se había soltado, llegaba a la barra sin tener que levantarse, así que agarró la barra y golpeó a Rafa con furia varias veces. Lucía al oír los gritos subió corriendo y haciendo el gesto de coger la barra se dio cuenta que allí no estaba. Las luces volvieron y lo primero que vio Lucía fue a Amanda dirigiéndose a ella con cara de loca. Amanda la golpeó y la dejó inconsciente. Bajó las escaleras en busca de su padre, que se encontraba al final de la escalera. -papá, papá... -dijo con pena- pero su madre no respondía. Le tomó el pulso y un látigo sacudió su corazón. Su padre estaba muerto.

Rafa se despertaba en un charco de sangre. Aturdido se levantó y vio a Lucía tirada. Recuperó el sentido por un momento y cogió el cuchillo mientras recordaba lo que había sucedido, y gritó.

-Esto no va a quedar así Amandita. Ya puedes escapar porque si te pillo te reventaré la cabeza con la barra de hierro que tienes en las manos y luego haré que tu puta madre se coma sus tripas y su lengua. Nuestro público es muy fiel, no podemos fallarles. -amenazó y se sentó dos minutos para recuperar un poco de energía-

Amanda, al principio se asustó y mientras oía la voz de Rafa se escondió, pero luego se armó de valor y respondió. -Pues, cazador cazado amigo. Si tocas a mi madre tu mierda de público verá la muerte de sus directores preferidos -gritó con rabia-

Lucía se despertó y se lanzó a por María Jesús. -¿Qué haces? Aún no podemos matarla, tenemos a la hija pululando por ahí debajo.

-Déjame en paz, ya tenemos material de sobra con protagonistas inesperados, así que déjame matarla, lo merece -gritó la última frase-

Amanda aprovechó para salir del refugio pero no iba sola, una tormenta que estalló de repente la acompañaba.

-Está bien, pero espera al menos unos minutos, sal a buscarla y yo la prepararé -dijo a a Lucía mientras ella sentía sin hacer nada. Vamos, ve a por ella -le gritó-

Amanda se metió entre los hierbajos mojados y en una zancada se partió el tobillo. Gritó con toda su alma, pero se silenció al darse cuenta que alguien salía del refugio. Entre la oscuridad y la lluvia poco se podía ver, pero por la forma de andar supo que se trataba de Lucía.

Amanda, se escondió detrás del árbol principal que comenzaba el sendero hacia abajo y espero a que Lucía pasara por allí.

-Vamos, Amandita, sal que te pueda reventar el cráneo. -repuso rabiosa-

Lucía avanzó y Amanda cada vez la notaba más cerca y sus latinos empezaban a aumentar considerablemente. -¡Amanda! Sal de una jodida vez, no tenemos toda la noche. En ese momento Amanda la increpó intentando golpearla, pero Lucía la vio antes y se agachó esquivando el golpe, pero esta le respondió propinándole un buen puñetazo. -¿Que creías? Que no te alcanzaríamos, ¡¡¡zorrita!!! forcejearon y Lucía le mordió en el cuello dejando una marca profunda.

Amanda alcanzó una piedra e intentó machacarle la cabeza pero se le resbaló a causa de la lluvia. Lucía se dio cuenta y le golpeó varias veces mas rompiéndole la nariz. Amanda entró en un trance de histeria y bajó las luces y sombras de la ruidosa lluvia le atizó unas cuantas pedradas a Lucía, terminando con su vida en el acto y soltando un grito como nunca había gritado, hasta llegó al refugio.

-¿Lo oyes? Tu hija ahora mismo está muerta -rió macabramente- y falta lo mejor aún. A tu hija, o perdona, al cadáver de tu hija le queda aún una sesión de necrofilia por cubrir.
María Jesús se abalanzó sobre Rafa golpeándole la cabeza. Rafa, que lo tenía más fácil, buscó la cámara que todavía grababa, y la mató golpeándola repetidas veces con ella, quedando un plano al más puro estilo found footage.

Amanda intentando bajar la montaña dolorida, se topó con un señor que subía allí.

-¿Qué ha pasado? ¿estás bien? -dijo muy sorprendido-

-Ayúdeme, ayúdenos. Mis padres están ahí dentro secuestrados, tiene que ayudarnos, ¿me oye? -gritó desesperada-

-Está bien, quédate aquí, con la lluvia que cae no podrás andar mucho por estos montes.
El hombre se dirigió hacia el refugio, encontrándose con una escena dantesca. Salió a por Amanda y la entró en casa. Hizo recuento y dijo que había cuatro cadáveres.
-No, pero eso no puede ser, falta uno, falta ese hijo de puta que todo lo graba -señaló histérica-

-cálmate por dios. Todo saldrá bien. Al amanecer iré a pedir ayuda y todo saldrá bien. Hazme caso.

-Falta él...estoy segura que no ha muerto -recalcó-

Al amanecer un día soleado esperaba fuera del refugio. El hombre le dijo que esperase ahí mientras buscaba ayuda. No podía esperar mucho tiempo con un tobillo roto y múltiples contusiones. Amanda no dejaba de pensar en sus padres y no paraba de llorar pensando lo mucho que le había cambiado la vida en apenas unas horas. 

Por lo menos no corrió la misma suerte que sus padres, ella vivía. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una conversación externa. Se recompuso y permaneció atenta ante lo que podía ser la policía o un equipo de rescate de montañeros. Los pasos se escuchaban cada vez más cerca y su mente se relajaba más al pensar que recibiría ayuda. La puerta se abrió y detrás de ella asomaba una cámara que grababa. No entendía nada.

-Venga, acabemos el plano secuencia que es el más largo que he hecho nunca -dijo Rafa apareciendo de sorpresa, a lo que el acompañante y supuesta ayuda de Amanda gritó. -Acción -con énfasis-


Amanda gritó desesperada sabiendo que su vida no solo no iba a ser salvada por ese hombre sino que iba a terminar en un rato plagado de dolor y torturas.

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