-Fue muy sonado en
la época. Algo demasiado sangriento ocurrió en los años 90.
Ocurrió en este mismo instituto una mañana de un nublado viernes 13
de marzo.
Yo lo llamo la masacre de Coval de la sierra, aunque
popularmente se conoce como “la leyenda de Wes wan”. Wes wan era
un chaval normal, americano y de descendencia japonesa que vino a
España con sus padres para vivir una nueva vida. Era un chico alto,
muy delgado y con unas gafas de color rojo que siempre se ajustaba
con el dedo índice.
Era un recién llegado pero no le costó mucho
tiempo integrarse con sus compañeros y al poco tiempo ya era amigo
de alguno de ellos. Como siempre ha pasado y pasará, estaban los
típicos malotes de clase que intentaban hacerse respetar de unas
maneras poco apropiadas, como puñetazos, quitar el bocadillo a los
más débiles y su especialidad, encerrar a la gente en las
taquillas.
A final de curso ya estaba medianamente integrado y la
clase organizó una actividad por su cuenta. Alquilaron una casa en
mitad del campo para celebrar el final de los exámenes. Pensaban
llevar bebidas alcohólicas, drogas y un proyector donde recordarían
las fotos del grupo desde que habían cursado todos juntos en la
guardería. También verían los vídeos de fin de curso donde por
costumbre, el colegio tenía planteado realizar cada año un pequeño
teatro, cada año de un autor distinto.
La cosa iba bien, se
acercaba el finde y los alumnos estaban cada vez más impacientes por
el tan esperado día. Wes wan, por su parte estaba interesado en ir
pero no estaba ni mucho menos nervioso o impaciente.
Llegó el día. Un
día que marcaría el declive de wes y que sin duda sería el día en
que comenzaría la leyenda del americano.
Llegaron a la cabaña
en tres coches diferentes y un cuarto con solo dos personas y todas
las bebidas y drogas.
Una vez hubieron
cenado, todos, incluido el propio wes, se llenaron una copa con dos
hielos y un poco de wiski barato para así emborracharse antes y ver
las fotografías con un puntito alegre. Por desgracia también vino
Adrián, uno del grupo de “los malos” y por desgracia era él el
que tenía el mando del proyector y pasaba las fotos, haciendo mofa
de cada una de ellas cada dos minutos.
Visualizaron fotografías
desde los tres años hasta los veinte que tenían actualmente. Rieron
y contaron anécdotas de todo tipo, luego proyectaron los vídeos.
Wes wan estaba a gusto disfrutando de un agradable rato con la gente
de España. Empezó el primer vídeo de los chicos haciendo una obra
de Shakespeare,
evidentemente una burrada de teatro, el texto era
mínimo debido a sus cortas edades.
El siguiente turno fue para
Miguel de Cervantes y su Don quijote. Transcurrieron tres o cuatro
vídeos más y llegó uno que nadie conocía. El vídeo en principio
era un plano secuencia desde lejos enfocando unos pies, solo unos pies.
Wes wan se quedó mudo, parecía saber de que trataba el vídeo e
intentó impedirlo.
-Me tengo que ir,
chicos. -Pero no le dejaron, insistiendo en que terminase la
diversión-
Wes miró a Adrián
y mantenía una sonrisa macabra, como si él también supiese de que
iba el vídeo., al oírse su risa se confirmó que el grababa el
vídeo.
Un vídeo de no mucha calidad (buena para la época) grabado
con una cámara VHS PANASONIC G 100 1992. Wes insistió en abandonar
la cabaña pero nuevamente no le dejaron. La gente se sorprendió, no
supieron si para bien o para mal, al ver la cara de wes en el vídeo.
Adrián pidió silencio para el momento clave de la cinta. Wes wan
soltó una lágrima mientras Adrián pedía más silencio. Todos en la
clase vieron el secreto que wes no quería que supiesen. Un chico
rubio, algo más bajito que wes, le besaba apasionadamente mientras
le tocaba el culo. Wes gritó exigiendo que quitase la cinta, que no
entendía porque le había seguido. Todos, alucinados comenzaron a
reírse de él excepto su amigo que intentó calmar a los demás.
Se oyeron todo tipo
de bromas respecto a su condición sexual, que si “maricón” por
un lado, “muerde almohadas” por otro... wes abandonó la cabaña
hecho un mar de lágrimas y con una rabia descontrolada.
El lunes la cosa no
mejoró. Wes apareció por clase con cierta timidez y respeto a lo
que pudiese pasar. Las bromas no cesaron, ni lo harían. Incluso
algún profesor insinuó que en su clase quería hombres, no
maricones.
Pasaba el tiempo y
el bullyng estaba llegando a un nivel extremo, que nadie tendría por
qué aguantar.
Pasados dos meses
desde que fuese el protagonista de una película, wes estaba al
límite y poco le faltaba para colmar un vaso que hacía mucho tiempo
que se debió haber derramado.
Las bromas continuaban. Cada día iban a más, puesto que wan no se defendía ni
se lo contaba a nadie
Adrián y sus
acólitos, lo acorralaron a la hora del recreo (que era la hora en que
el aula se quedaba vacía) y con su cámara grabo la encerrona. Se
abalanzaron sobre él y lo encerraron en una taquilla pequeña. Lo
que no sabían ellos es que wan, era claustrofóbico y que flaco
favor le estaban haciendo. Por supuesto el suplicó que lo sacasen,
que le dejasen en paz, solo le sirvió para que el cámara le
enfocase mejor la cara mientras su secta se reía de una forma
vomitiva.
Al terminar el
recreo los alumnos volvieron a clase y con ellos el profesor de
historia. El profesor preguntó que eran esos ruidos a lo que Adrián
respondió con sarna. -Son del americanito gay- y todos sus secuaces
rieron-.
-Anda, sacad al
maricón de la taquilla.
Wan salió sudando,
mareado y con las gafas rotas. Vomitó sobre la mesa del tutor y este
le expulsó de malas formas. Wan gritó. -LO PAGARÉIS CARO, TODOS- y
abandonó la clase que quedó en silencio ante su sentencia.
Realmente nadie le
dio importancia. Pasaron dos semanas y Wan no aparecía por el
instituto por lo que se olvidaron de él un poco.
Adrián guardaba su
cámara en su taquilla. Siempre la llevaba encima por si tenía
ocasión de grabar alguna de sus maldades.
Ese día, sería
conocido en Coval de la sierra como el día de “la leyenda de wes
wan”
Adrián, después de
haber grabado a Benito metiendo su cabeza en el váter y obligándole
a decir -soy una nenaza como el marica de wes wan- se dirigía a
esconder su cámara.
Abrió la taquilla para colocar la cámara y
dos disparos en su pecho acabaron con su vida. El profesor de
historia acudió de inmediato al sonido de los disparos. -¿Qué has
hecho maricón?- le dijo con desprecio, a lo que wan respondió con
un disparo que partió su cabeza en dos, pintando de sangre gran
parte de la pizarra. Wan, sin esperar a que llegasen más personas,
se dirigió al pasillo donde se encontraban dos de los acólitos de
Adrián, disparándoles en las rodillas y cabeza. Ambos fallecieron a
las pocas horas. Wan, bajó al patio donde se encontraba el resto de
de la secta.
-Ey, mirad, ahí
está el maricón- sin pensárselo dos veces, wan levantó la pistola
de su padre y disparó a los tres miembros de la secta, provocando un
escándalo general que hizo abandonar el patio al resto de niños y
profesores que allí se encontraban. Con dos muertos en el aula, dos
en el pasillo y tres en el patio, solo quedaba uno de ellos, pero no
consiguió terminar su trabajo dado que el último de los siete ese
día no había acudido a clase debido a una operación de
apendicitis.
Wan no lo encontró
y regresó a clase mientras oía las sirenas de las ambulancias y de
la policía. Con el sonido desagradable de las sirenas de fondo, wan
se dirigió de nuevo a clase. Entró y vio el cuerpo inerte del
profesor, al que escupió. Se acercó a la taquilla y buscó la
cámara de Adrián, pero allí no estaba. Miró en la mochila del
jefe de la secta que estaba completamente ensangrentada, pero tampoco
encontró nada, hasta que le miró la mano. Le arrancó la cámara de
las manos a Adrián y sacó la cinta de vhs que llevaba dentro. Se
fue a la sala de profesores donde, a punta de pistola les obligó a
poner la cinta. Sin querer, apretó el gatillo al ver en la vieja
televisión sus imágenes besándose con el otro chico, pero no le
importó. Sacó la cinta y la quemó con uno de los mecheros que
utilizaban en la sala de profesores para fumar entre clase y clase.
Al volver a clase,
se encerró en la taquilla que para entonces ya hubieron llegado los
policías.
-Wes, no haga
ninguna tontería más y suelte el arma- le insistió el policía.
La puerta de la
taquilla se abrió lentamente chirriando, algo que alarmó a los
policías y se prepararon el arma. La puerta se abrió por completo y
wan llevaba su pistola, que le quedaba una bala. Se apuntó a la
cabeza.
-No lo hagas chaval, estate quieto, podemos ayudarte-
Wan sonrió y
susurró algo.
-Ayuden a mis padres- y se voló la tapa de los sesos.
Aquello resonó con
fuerza durante años. Salió en las crónica de sucesos y en las
televisiones nacionales e internacionales con infinidad de debates, incluso hicieron dos
películas sobre el tema. Mucha gente dice que si mencionas su
nombre, aparece wan con una pistola apuntándote, leyendas supongo.Desde ese día este
pueblo es conocido como “La leyenda de wes wan”
-Venga, vámonos de
aquí- dijo José asustado. Los chicos recogieron las velas de la
mesa de la biblioteca y cuando se disponían a salir por el pasillo,
escucharon dos disparos. Se quedaron atónitos y salieron corriendo.
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