domingo, 5 de junio de 2016

Un día normal

Fue el 20 de diciembre de 1996. 

Yo tenía 12 años y vivía solo con mi madre. Esa mañana, como todas, mi madre salió a las 7:00 a trabajar. Yo escuché la puerta, pero al levantarme ella insistió en que no había salido. Mi madre no paraba de abrazarme y besarme, le pregunté si pasaba algo, y me dijo: ¿no puedo querer a mi hijo?

Sobre las 11:30 iba a comprar el pan, pero me dio un fuerte dolor en el pecho y me tumbé. El resto de la mañana no mejoró, no paraba de sudar, me faltaba el aire, sentía una asfixia que creía que me moría. Mi madre se preocupó, pero no hizo nada, solo lloraba y decía lo mucho que me quería, la verdad que estaba bastante rara. 

Terminé vomitando por la presión del pecho, me refresqué la cara y se me pasó un poco. Como esa mañana no había clase, me puse a fregar los cacharros del día anterior.
 Con el roce del agua helada en mis manos sentí de nuevo ese malestar asfixiante que recorría mi cuerpo, y me quedé paralizado mientras corría el agua del grifo. Fui corriendo a abrir la ventana porque me ahogaba. 
Mi madre lloraba al verme así pero no hacía nada y yo me desesperaba más. Se me pasó por unos minutos.

A las 12:00. ni un minuto antes ni uno después, mi madre me dijo que salía un momento y preguntó si me iba a portar bien, le dije que sí claro, que ya era mayor, tenía 12 años. Sonrió y se fue.

Como me encontraba mejor, me fui a terminar de fregar, pero el agua no salía, cuando lo hizo era un chorro de sangre. 
Me asusté mucho. En ese mismo momento, sonó el teléfono y del susto tiré un vaso al suelo.


Cogí el teléfono y me preguntaron el nombre, la policía quería anunciarme que esa misma mañana, a las 8:00 habían encontrado muerta a mi madre víctima de un asesinato.














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