Fue el 20 de
diciembre de 1996.
Yo tenía 12 años y vivía solo con mi madre. Esa
mañana, como todas, mi madre salió a las 7:00 a trabajar. Yo
escuché la puerta, pero al levantarme ella insistió en que no había
salido. Mi madre no paraba de abrazarme y besarme, le pregunté si
pasaba algo, y me dijo: ¿no puedo querer a mi hijo?
Sobre las 11:30 iba
a comprar el pan, pero me dio un fuerte dolor en el pecho y me tumbé.
El resto de la mañana no mejoró, no paraba de sudar, me faltaba el
aire, sentía una asfixia que creía que me moría. Mi madre se
preocupó, pero no hizo nada, solo lloraba y decía lo mucho que me
quería, la verdad que estaba bastante rara.
Terminé vomitando por
la presión del pecho, me refresqué la cara y se me pasó un poco.
Como esa mañana no había clase, me puse a fregar los cacharros del
día anterior.
Con el roce del agua helada en mis manos sentí de
nuevo ese malestar asfixiante que recorría mi cuerpo, y me quedé
paralizado mientras corría el agua del grifo. Fui corriendo a abrir
la ventana porque me ahogaba.
Mi madre lloraba al verme así pero no
hacía nada y yo me desesperaba más. Se me pasó por unos minutos.
A las 12:00. ni un
minuto antes ni uno después, mi madre me dijo que salía un momento
y preguntó si me iba a portar bien, le dije que sí claro, que ya
era mayor, tenía 12 años. Sonrió y se fue.
Como me encontraba
mejor, me fui a terminar de fregar, pero el agua no salía, cuando lo
hizo era un chorro de sangre.
Me asusté mucho. En ese mismo momento,
sonó el teléfono y del susto tiré un vaso al suelo.
Cogí el teléfono y
me preguntaron el nombre, la policía quería anunciarme que esa
misma mañana, a las 8:00 habían encontrado muerta a mi madre
víctima de un asesinato.

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