¿Os habéis dado
cuenta que la vida nocturna es mejor? Al menos en mi mundo.
-Hueles bien, debes
saber bien. Déjame probarte.
Os resumiré un poco
esta historia antes de llegar a la frase anterior. Poneos en
situación de una chica normal, de quince años. Clases, amigas,
novios etc.Mis padres eran
carniceros y la verdad que no les iba nada mal.
Todos los domingos
volvían de preparar la mercancía del día siguiente a las once de
la noche mientras yo les esperaba leyendo libros de amor con un
sandwich de queso encima de la mesa.
Ese día se retrasaron. Les
llamé varias veces sin respuesta.
Llamé a mi hermano para ver si
estaban juntos, pero últimamente con su novia estaba muy despistado
y no me dio señales de vida. No me quedó más remedio que ir al
local donde preparaban las piezas con el kilo y medio de carne que
les faltaba. 23:45 y yo en la calle. En pleno febrero, ya os
imaginaréis, asustada y en la calle una negrura que seccionaba hasta
las pequeñas luces de la farmacia.
Al cruzar el vagón
del metro, en la parte izquierda, vi que un encapuchado se me
acercaba. Me hice la loca pero ese tío me susurró algo y se marchó.
“Vivirás en la oscuridad total con sed eternamente”
“Vivirás en la oscuridad total con sed eternamente”
¿Qué querría
decir aquella frase? no lo sé, pero pasé
del tema y me bajé corriendo. A diez minutos de llegar al local,
recibí una llamada.
-Cariño, no hace
falta que vengas, ya estamos llegando a casa.
-Es que ya he salido
mamá, jo.
-Bueno, no te
preocupes, ahora va papá a por ti.
Esperé y esperé
hasta que por fin, vi las luces de un coche en ese callejón sin
vida.
Un señor se bajó
del coche, se acercó a mi y susurró:
-Hueles bien, debes
saber bien. Déjame probarte.
Y me mordió el
cuello. De nada me sirvieron los patéticos gritos. La mordida me
dejó afónica.
El hombre se fue y a
los cinco minutos llegó mi padre. Yo me tapaba el cuello con la
bufanda, porque no había sido un mordisco pequeño, pero tampoco tan
grande como para no poder ocultarlo, me dio vergüenza y prefería
callarme por si me decía algo mi padre, no quise problemas pero
estaba realmente nerviosa.
Llegamos a casa y me fui directa al
cuarto. Una vez dentro, me desplomé sobre la cama. Me ardía el
cuello. Era un dolor insoportable.
Mis ojos se volvieron negros y yo
emitía unos gritos desgarradores. ¿qué me pasaba? No lo sabía. En
pleno febrero a -3º y yo desnuda. Era evidente que algo me pasaba.
Ahora me tocaba descubrir el qué.
Pasaba el tiempo y
me recluía de mi gente. Dejé a mi novio, también dejé de lado a
mis amigas. Apenas salía y había días que ni miraba a mis padres.
Constantemente tenía sed. Podría beberme en tres días, ochenta o
noventa litros de agua y aún así seguía sintiendo una sed
terrible.
Dejé de salir a la calle, el sol me producía unos picores
horribles, no lo podía soportar.
Era como si tuviese avispas
africanas por todo el cuerpo.
Hasta aquí yo no entendía nada, pero
un día... un día me sorprendía a mi misma mordiendo a mi perra. La
dejé seca.
Yo evidentemente sabía que eso no estaba bien pero aquel
trago de sangre me dio cinco años de vida. Me supo genial. Ahí
empecé a comprender que me pasaba, y que yo...podría ser algo
parecido a lo que llamamos vampiro.
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