miércoles, 22 de junio de 2016

Pesadilla tras la mirilla

Me asomé a través de la mirilla de nuestro humilde piso y allí vi unas personas, personas que se convertirían en mi peor pesadilla. Oí girar la llave en la cerradura y me fui corriendo al comedor a esperar que mi hermano nos presentase a quien traía consigo.
-Mirad, esta es mi novia.

Después de presentarnos a su novia y la hermana de esta (además de gemelas, una era novia de mi hermana y la otra gemela novia del amigo de mi hermano) nos pusimos a cenar para que la trama se desarrollase tranquilamente.

La cosa transcurría con normalidad. Mi hermano, Carlos, se encontraba en un momento de su vida feliz, con novia, con trabajo y con una familia que a pesar de tener sus más y sus menos estaban bastante unidos.

Yo por aquel entonces tenía catorce años y era una mosca cojonera, me gustaba hablar con la chica, intercambiar gustos, opiniones y demás cosas mientras ellos intentaban deshacerse de mi para sus intimidades supongo.

Pasábamos grandes tardes de invierno haciendo trabajo de casa mientras intentábamos adivinar el rosco del programa de pasapalabra. Montábamos las hebillas de los cinturones. Miles y miles de hebillas desperdigadas por la mesa esperaban ser metidas en los diez sacos vacíos del pasillo.

Ahí es cuando empezamos a notar, yo al menos, las primeras píldoras de su ¿ingenua? Maldad.

-¡Puff! que mal me cae ese concursante, a ver si se muere.

Los demás nos quedamos extrañados de que ella utilizase esa expresión cuando hasta ese momento se había mostrado demasiado educada, pero no le llegamos a dar la menor importancia hasta tiempo más tarde.

Pasaba el tiempo y todo parecía seguir con aparente normalidad, mi hermano seguía feliz y nosotros ídem por él, aunque a mi y a mis padres nos costaba conciliar el sueño con normalidad.

Su amigo y su novia comenzaban a tener sus propios problemas mientras mi hermano seguía contento con su relación.

Llegó el momento más deseado por Yolanda (la novia de mi hermano) que no era otro que mis padres y los suyos hiciesen acto de presentación. Llegamos a su casa con ganas de que todo saliese bien, y así ocurrió pero también pasó algo que ninguno esperábamos y quizás a partir de aquí es cuando la cosa se empezó a torcer. Sus padres nos cayeron genial, se notaba que eran buena gente, naturales y afables que nos ofrecieron todo lo que tenían, lo suyo desde ese momento era nuestro.

Al terminar de cenar, me fijé en una mesa camilla de estas que tienen todas las abuelas en sus casas con la manta para taparse en invierno, y vi que había estampado bajo el cristal una foto de una niña de no más de dos años.

-¿y esta niña quien es? -le pregunté inocente-

-Pues es mi nieta -me dijo su madre con pesar-. No quise insistir porque ya lo hizo mi madre por mi.

-Anda, no sabía que tenías una nieta, ¿es que tienes otra hija?

A la pobre mujer se la vio apenada y para quitarle el sufrimiento de explicárnoslo se adelantó Luisa (la otra hermana gemela)

-Sí, teníamos una hermana pero falleció hace dos años por el puto cáncer. -se le derramó alguna lágrima-

-Ay que pena, no sabíamos nada, menudo palo, lo siento -dijo mi madre-

-No pasa nada, mis hijas siguen hablando con ella. -Todos nos quedamos atónitos y con algún escalofrío recorriendo nuestro cuerpo-.

-¿Como está eso?

-Pues sí, algunas noches intentamos contactar con ella y muchas veces nos responde. -Ahí si que nos quedamos congelados-

-sí, que te cuenten lo que hacen -dijo su madre.

Las dos gemelas se escaparon a su cuarto y nos plantaron encima de la mesa un libro ajado, antiguo y con algunas páginas que se caían a pedazos. A pesar de ser un libro viejo estaba demasiado bien conservado. “MAGIA NEGRA” creíamos al principio que era una broma que nos estaban gastando pero nada más lejos de la realidad, iban muy en serio.

-¿pero como tenéis esto? ¿y lo usáis? -dijo mi madre incrédula-

-Pues realmente solo hemos usado un par de “conjuros” de estos que ponen aquí, es que la echamos mucho de menos.

-¿Y no os da miedo esto?

-¡No por dios! Es nuestra hermana.

-Ya pero...no sé, es raro, ¿no?

La cosa quedó ahí, cambiamos de tema y la noche terminó bien
Al día siguiente, me colé en la habitación de mi hermano y rebusqué entre sus cosas para cotillear por si tenía alguna carta de amor o unas foto con su novia, no sé, algo a lo que aferrarme para de alguna forma sacar burla, pero no. Lo que encontré fue un dibujo en el último cajón, arrugado y mal doblado. Lo desenvolví y no sabia exactamente que significado tendría ni quién había dibujado algo tan extraño, porque era muy extraño.

El dibujo consistía en una especie de operario de fábrica con un mono azul y un caso amarillo, como pidiendo ayuda, con la boca abierta. No lo entendía pero tampoco le di importancia, lo guardé y me fui puesto que no encontré nada.
A los pocos días, mi hermano se notaba pálido, decaído, como aburrido de una rutina en su relación.

-¿Que te pasa Carlos?

-Es por Yolanda, estoy cansado de que nunca le apetezca salir a tomar algo por ahí, no sé relacionarse un poco aunque sea, no, solo paseos nocturnos por esas fábricas abandonadas, me canso.

-¿Que has dicho? ¿que paseáis por fábricas abandonadas?
-Si, a Yolanda le gusta pasearse por la BRASA, S.A (era una fábrica de aquí del pueblo donde hace más de veinte años hubo un incendio y murió mucha gente) porque dice que la gente le pide ayuda y le sabe mal porque no sabe como ayudarles.
Ahí no supe que decir, pero recordé el dibujo, fui a su habitación y se lo traje.

-Eh, ¿que rebuscas entre mis cosas? Le enseñé el dibujo.

-¿Me puedes explicar que es esto?

-Pues es un dibujo que ha hecho Yolanda de un hombre que murió.

-¿El de la fábrica?

-Sí.

-Joder Carlos, y a ti todo esto, ¿te parece normal?

-No, pero ¿que le hago?

-Joder, pues no sé, a mi ya me pareció raro lo del libro de magia negra, pero ¿esto? Tenemos que contárselo a la mamá.

-No, calla, no quiero que se preocupe.

-Bueno bueno, tu verás.

-Si yo te contara...

Prefiero que no, quiero dormir por las noches. -Ahí acabó la conversación-

Pero llevaba ya varios días sin poder dormir tranquilamente. Ni yo ni mis padres.
Llevábamos días que nos pasaban cosas extrañas a mis padres y a mi, pero ninguno decíamos nada por...la verdad que no sabemos por qué. Objetos que desaparecían, cosas que se cambiaban de sitios, sensación de sentirse observado por las noches, miedo (en mi caso).

La sorpresa fue cuando consultamos a mi tía.
Mi tía es la hermana de mi madre y digamos que...controla de este tema. Digamos que sabe tener contactos con el más allá y ayuda a que todo esté en orden digamos. Ella lo llama limpiar la zona, que según nos contó una vez, se trata de almas, espíritus, llamadlo como queráis, que por algunas razones han acabado en X sitio y no saben como ir en paz, no saben como salir, ella en definitiva se encarga de eso. De eso y de saber si hay o no en un sitio una “presencia”.

Como decía, la sorpresa fue cuando consultamos a mi tía (porque ella no conocía a su novia) y nos dijo algo que sinceramente, nos asustó a todos y más a mi que era y soy muy sensible para este tipo de cosas paranormales.


-Madre mía, estas chicas tienen muchas personas a su lado, y os han dejado algunas en vuestra casa.

Claro, te dicen esto y a ver que cara pones.

-Pero...¿y se puede hacer algo?

-pues o que la deje o yo me paso por vuestra casa para limpiar lo que haya.
Esa misma tarde fuimos a casa para ver que es lo que se supone que teníamos allí.
Estuvo cerca de quince minutos en el piso y a oscuras mirando cosas mientras nosotros esperábamos fuera.
Al terminar nos llamó y nos dijo que entrásemos a casa mientras ella bebía un poco de agua.

Sentados en el sofá nos dijo que lo que allí teníamos eran tres almas. El operario de la fábrica, un crío que falleció con cinco años con una camiseta de Pokémon y la hermana de ellas, que se supone que es la que las inducía a hacer todo este tipo de cosas, negativas por supuesto.

Yo me aterroricé mucho. Cada vez que se acercaba la noche era un infierno para mi, aunque me daba miedo no me creía del todo lo que mi tía me decía hasta que pasó algo que hizo que creyera a la fuerza.

Tras varios días desde esta conversación con mi tía, yo como era habitual últimamente, no podía dormir. Era cerca de las ocho de la mañana y yo me disponía a hacerme un estupendo gofre con chocolate. En la cocina puse el gofre y fui a la despensa a por el chocolate, porque lo quería caliente. Mientras estaba en la despensa buscando el chocolate, un fuerte golpe sonó a mi lado, un estruendo en la puerta, como si alguien hubiese dado un puñetazo a la puerta. 
Mi reacción fue la que yo creo que es la que tendría cualquier persona. Di un grito seco, solté el bote de chocolate y me fui corriendo a la habitación de mi madre, dando un salto de por lo menos dos metros hasta su cama. La desperté de un susto al saltar encima de ella y se incorporó a la fuerza y preguntándome a gritos que que había pasado. Le conté lo ocurrido y mi hermano se despertó del jaleo que teníamos montado. Fue él quien fue a la despensa a ver que era lo que había sucedido y vino al cuarto con un peluche de Pikachu.

-¿y esto que hace aquí tirado?

Ahí me di cuenta que lo que nos dijo mi tía era totalmente cierto. Ese peluche de pokémon estaba escondido arriba y al fondo en una bolsa con los peluches de cuando éramos pequeños y que ya no utilizábamos pero que no queríamos tirar. No sabía como había llegado a parar allí pero desde luego yo lo último que quería era estar en mi casa.
Me vestí y me fui a casa de mi tía a contarle todo. Me quedé allí unos días hasta que todo se calmase. Mis padres y hermano vinieron unos días después.

El carácter de mi hermano llevaba un tiempo bastante agrio, estaba borde, cosa que él nunca ha sido.

Mi tía nos dijo algo que no nos esperábamos y que parece de película. La novia de Carlos, le está haciendo vudú. Algo que nos confirmaron ellas al día siguiente.

El conjuro ese, se supone que lo hacían para atarlos y que no las dejaran nunca. Para ello utilizaron una prenda interior de mi hermano y unos pelos de ellas o una cosa así y luego lo quemaban o lo enterraban, no recuerdo bien.

A partir de aquí no recuerdo muchas cosas más. Solo lo esencial. Fuimos al piso a por unas cosas, ropa y demás aseo personal y nos encontramos algunas sorpresitas. Cosas como por ejemplo, el mando del vídeo VHS dentro del propio vídeo, por la ranura. Ventanas abiertas cuando las dejamos cerradas y poco más. Nos recomendó mi tía que nos quedásemos unas noches en su casa mientras se solucionaba todo aquello.

Recuerdo la última noche en casa de mi tía (las anteriores no merece la pena describirlas) cuando todos nos tiramos con los colchones en el comedor porque teníamos miedo y de alguna forma al dormir todos juntos es como que se reduce el miedo o eso creíamos.
Estábamos apunto de irnos a dormir, de hecho las luces estaban apagadas casi por completo cuando vino lo fuerte. Mi tía le dijo a mi prima que se tumbase ya, que al día siguiente madrugábamos. Mi prima le dijo que ya estaba tumbada en la cama. Como todos estábamos entre bromas y tal, mi tía no la debió oír y se lo repitió.

-Claudia, ¿te quieres acostar ya?

-¡Que estoy acostada ya mamá!, a tu lado.

Todos nos quedamos en blanco cuando mi tía hizo la siguiente pregunta.

-¿Y entonces quién es la que está de pie?

Hubo un silencio bastante tenso.

Dos segundos después de aquél silencio un chorro de agua se nos echó encima. Todos pegamos un grito y se escuchó una bofetada acompañada de un bufido de aire, como si hubiese pasado un camión a nuestro lado.

Encendimos la luz y mi tía tenía la cara colorada, suponemos que la bofetada se la llevó ella.
A pesar del susto aquella noche ya no pasó nada más. (hay que aclarar que mi prima Claudia, era muy parecida físicamente a la hermana fallecida de las gemelas, bajita, pelo rizado moreno, gafas etc.)

Al amanecer, nos fuimos al piso porque mis padres querían volver ya a su casa. Llegando, en el parque que hay al lado de mi casa, mi hermano rompió a llorar desconsoladamente. Todos nos asustamos y le preguntamos que le pasaba y nos confesó que había dejado a Yolanda.

Nunca más ha vuelto a pasar nada, nunca más las hemos vuelto a ver, sí a sus padres pero no a ellas. Mi hermano volvió a ser el que era.

Desde entonces, nosotros vivimos en paz.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar