Me asomé a través
de la mirilla de nuestro humilde piso y allí vi unas personas,
personas que se convertirían en mi peor pesadilla. Oí girar la
llave en la cerradura y me fui corriendo al comedor a esperar que mi
hermano nos presentase a quien traía consigo.
-Mirad, esta es mi
novia.
Después de
presentarnos a su novia y la hermana de esta (además de gemelas, una
era novia de mi hermana y la otra gemela novia del amigo de mi
hermano) nos pusimos a cenar para que la trama se desarrollase
tranquilamente.
La cosa transcurría
con normalidad. Mi hermano, Carlos, se encontraba en un momento de su
vida feliz, con novia, con trabajo y con una familia que a pesar de
tener sus más y sus menos estaban bastante unidos.
Yo por aquel
entonces tenía catorce años y era una mosca cojonera, me gustaba
hablar con la chica, intercambiar gustos, opiniones y demás cosas
mientras ellos intentaban deshacerse de mi para sus intimidades
supongo.
Pasábamos grandes
tardes de invierno haciendo trabajo de casa mientras intentábamos
adivinar el rosco del programa de pasapalabra. Montábamos las
hebillas de los cinturones. Miles y miles de hebillas desperdigadas
por la mesa esperaban ser metidas en los diez sacos vacíos del
pasillo.
Ahí es cuando
empezamos a notar, yo al menos, las primeras píldoras de su
¿ingenua? Maldad.
-¡Puff! que mal me
cae ese concursante, a ver si se muere.
Los demás nos
quedamos extrañados de que ella utilizase esa expresión cuando
hasta ese momento se había mostrado demasiado educada, pero no le
llegamos a dar la menor importancia hasta tiempo más tarde.
Pasaba el tiempo y
todo parecía seguir con aparente normalidad, mi hermano seguía
feliz y nosotros ídem por él, aunque a mi y a mis padres nos
costaba conciliar el sueño con normalidad.
Su amigo y su novia
comenzaban a tener sus propios problemas mientras mi hermano seguía
contento con su relación.
Llegó el momento
más deseado por Yolanda (la novia de mi hermano) que no era otro que
mis padres y los suyos hiciesen acto de presentación. Llegamos a su
casa con ganas de que todo saliese bien, y así ocurrió pero también
pasó algo que ninguno esperábamos y quizás a partir de aquí es
cuando la cosa se empezó a torcer. Sus padres nos cayeron genial, se
notaba que eran buena gente, naturales y afables que nos ofrecieron
todo lo que tenían, lo suyo desde ese momento era nuestro.
Al terminar de
cenar, me fijé en una mesa camilla de estas que tienen todas las
abuelas en sus casas con la manta para taparse en invierno, y vi que
había estampado bajo el cristal una foto de una niña de no más de
dos años.
-¿y esta niña
quien es? -le pregunté inocente-
-Pues es mi nieta
-me dijo su madre con pesar-. No quise insistir porque ya lo hizo mi
madre por mi.
-Anda, no sabía que
tenías una nieta, ¿es que tienes otra hija?
A la pobre mujer se
la vio apenada y para quitarle el sufrimiento de explicárnoslo se
adelantó Luisa (la otra hermana gemela)
-Sí, teníamos una
hermana pero falleció hace dos años por el puto cáncer. -se le
derramó alguna lágrima-
-Ay que pena, no
sabíamos nada, menudo palo, lo siento -dijo mi madre-
-No pasa nada, mis
hijas siguen hablando con ella. -Todos nos quedamos atónitos y con
algún escalofrío recorriendo nuestro cuerpo-.
-¿Como está eso?
-Pues sí, algunas
noches intentamos contactar con ella y muchas veces nos responde.
-Ahí si que nos quedamos congelados-
-sí, que te cuenten
lo que hacen -dijo su madre.
Las dos gemelas se
escaparon a su cuarto y nos plantaron encima de la mesa un libro
ajado, antiguo y con algunas páginas que se caían a pedazos. A
pesar de ser un libro viejo estaba demasiado bien conservado. “MAGIA
NEGRA” creíamos al principio que era una broma que nos estaban
gastando pero nada más lejos de la realidad, iban muy en serio.
-¿pero como tenéis
esto? ¿y lo usáis? -dijo mi madre incrédula-
-Pues realmente solo
hemos usado un par de “conjuros” de estos que ponen aquí, es que
la echamos mucho de menos.
-¿Y no os da miedo
esto?
-¡No por dios! Es
nuestra hermana.
-Ya pero...no sé,
es raro, ¿no?
La cosa quedó ahí,
cambiamos de tema y la noche terminó bien
Al día siguiente,
me colé en la habitación de mi hermano y rebusqué entre sus cosas
para cotillear por si tenía alguna carta de amor o unas foto con su
novia, no sé, algo a lo que aferrarme para de alguna forma sacar
burla, pero no. Lo que encontré fue un dibujo en el último cajón,
arrugado y mal doblado. Lo desenvolví y no sabia exactamente que
significado tendría ni quién había dibujado algo tan extraño,
porque era muy extraño.
El dibujo consistía en una especie de
operario de fábrica con un mono azul y un caso amarillo, como
pidiendo ayuda, con la boca abierta. No lo entendía pero tampoco le
di importancia, lo guardé y me fui puesto que no encontré nada.
A los pocos días,
mi hermano se notaba pálido, decaído, como aburrido de una rutina
en su relación.
-¿Que te pasa
Carlos?
-Es por Yolanda,
estoy cansado de que nunca le apetezca salir a tomar algo por ahí,
no sé relacionarse un poco aunque sea, no, solo paseos nocturnos por
esas fábricas abandonadas, me canso.
-¿Que has dicho?
¿que paseáis por fábricas abandonadas?
-Si, a Yolanda le
gusta pasearse por la BRASA, S.A (era una fábrica de aquí del
pueblo donde hace más de veinte años hubo un incendio y murió
mucha gente) porque dice que la gente le pide ayuda y le sabe mal
porque no sabe como ayudarles.
Ahí no supe que
decir, pero recordé el dibujo, fui a su habitación y se lo traje.
-Eh, ¿que rebuscas
entre mis cosas? Le enseñé el dibujo.
-¿Me puedes
explicar que es esto?
-Pues es un dibujo
que ha hecho Yolanda de un hombre que murió.
-¿El de la fábrica?
-Sí.
-Joder Carlos, y a
ti todo esto, ¿te parece normal?
-No, pero ¿que le
hago?
-Joder, pues no sé,
a mi ya me pareció raro lo del libro de magia negra, pero ¿esto?
Tenemos que contárselo a la mamá.
-No, calla, no
quiero que se preocupe.
-Bueno bueno, tu
verás.
-Si yo te contara...
Prefiero que no,
quiero dormir por las noches. -Ahí acabó la conversación-
Pero llevaba ya
varios días sin poder dormir tranquilamente. Ni yo ni mis padres.
Llevábamos días
que nos pasaban cosas extrañas a mis padres y a mi, pero ninguno
decíamos nada por...la verdad que no sabemos por qué. Objetos que
desaparecían, cosas que se cambiaban de sitios, sensación de
sentirse observado por las noches, miedo (en mi caso).
La sorpresa fue
cuando consultamos a mi tía.
Mi tía es la
hermana de mi madre y digamos que...controla de este tema. Digamos
que sabe tener contactos con el más allá y ayuda a que todo esté
en orden digamos. Ella lo llama limpiar la zona, que según nos contó
una vez, se trata de almas, espíritus, llamadlo como queráis, que
por algunas razones han acabado en X sitio y no saben como ir en paz,
no saben como salir, ella en definitiva se encarga de eso. De eso y
de saber si hay o no en un sitio una “presencia”.
Como decía, la
sorpresa fue cuando consultamos a mi tía (porque ella no conocía a
su novia) y nos dijo algo que sinceramente, nos asustó a todos y más
a mi que era y soy muy sensible para este tipo de cosas paranormales.
Claro, te dicen esto
y a ver que cara pones.
-Pero...¿y se puede
hacer algo?
-pues o que la deje
o yo me paso por vuestra casa para limpiar lo que haya.
Esa misma tarde
fuimos a casa para ver que es lo que se supone que teníamos allí.
Estuvo cerca de
quince minutos en el piso y a oscuras mirando cosas mientras nosotros
esperábamos fuera.
Al terminar nos
llamó y nos dijo que entrásemos a casa mientras ella bebía un poco
de agua.
Sentados en el sofá
nos dijo que lo que allí teníamos eran tres almas. El operario de
la fábrica, un crío que falleció con cinco años con una camiseta
de Pokémon y la hermana de ellas, que se supone que es la que las
inducía a hacer todo este tipo de cosas, negativas por supuesto.
Yo me aterroricé
mucho. Cada vez que se acercaba la noche era un infierno para mi,
aunque me daba miedo no me creía del todo lo que mi tía me decía
hasta que pasó algo que hizo que creyera a la fuerza.
Tras varios días
desde esta conversación con mi tía, yo como era habitual
últimamente, no podía dormir. Era cerca de las ocho de la mañana y
yo me disponía a hacerme un estupendo gofre con chocolate. En la
cocina puse el gofre y fui a la despensa a por el chocolate, porque
lo quería caliente. Mientras estaba en la despensa buscando el
chocolate, un fuerte golpe sonó a mi lado, un estruendo en la
puerta, como si alguien hubiese dado un puñetazo a la puerta.
Mi
reacción fue la que yo creo que es la que tendría cualquier
persona. Di un grito seco, solté el bote de chocolate y me fui
corriendo a la habitación de mi madre, dando un salto de por lo
menos dos metros hasta su cama. La desperté de un susto al saltar
encima de ella y se incorporó a la fuerza y preguntándome a gritos
que que había pasado. Le conté lo ocurrido y mi hermano se despertó
del jaleo que teníamos montado. Fue él quien fue a la despensa a
ver que era lo que había sucedido y vino al cuarto con un peluche de
Pikachu.
-¿y esto que hace
aquí tirado?
Ahí me di cuenta
que lo que nos dijo mi tía era totalmente cierto. Ese peluche de
pokémon estaba escondido arriba y al fondo en una bolsa con los
peluches de cuando éramos pequeños y que ya no utilizábamos pero
que no queríamos tirar. No sabía como había llegado a parar allí
pero desde luego yo lo último que quería era estar en mi casa.
Me vestí y me fui a
casa de mi tía a contarle todo. Me quedé allí unos días hasta que
todo se calmase. Mis padres y hermano vinieron unos días después.
El carácter de mi
hermano llevaba un tiempo bastante agrio, estaba borde, cosa que él
nunca ha sido.
Mi tía nos dijo
algo que no nos esperábamos y que parece de película. La novia de
Carlos, le está haciendo vudú. Algo que nos confirmaron ellas al
día siguiente.
El conjuro ese, se
supone que lo hacían para atarlos y que no las dejaran nunca. Para
ello utilizaron una prenda interior de mi hermano y unos pelos de
ellas o una cosa así y luego lo quemaban o lo enterraban, no
recuerdo bien.
A partir de aquí no
recuerdo muchas cosas más. Solo lo esencial. Fuimos al piso a por
unas cosas, ropa y demás aseo personal y nos encontramos algunas
sorpresitas. Cosas como por ejemplo, el mando del vídeo VHS dentro
del propio vídeo, por la ranura. Ventanas abiertas cuando las
dejamos cerradas y poco más. Nos recomendó mi tía que nos
quedásemos unas noches en su casa mientras se solucionaba todo
aquello.
Recuerdo la última
noche en casa de mi tía (las anteriores no merece la pena
describirlas) cuando todos nos tiramos con los colchones en el
comedor porque teníamos miedo y de alguna forma al dormir todos
juntos es como que se reduce el miedo o eso creíamos.
Estábamos apunto de
irnos a dormir, de hecho las luces estaban apagadas casi por completo
cuando vino lo fuerte. Mi tía le dijo a mi prima que se tumbase ya,
que al día siguiente madrugábamos. Mi prima le dijo que ya estaba
tumbada en la cama. Como todos estábamos entre bromas y tal, mi tía
no la debió oír y se lo repitió.
-Claudia, ¿te
quieres acostar ya?
-¡Que estoy
acostada ya mamá!, a tu lado.
Todos nos quedamos
en blanco cuando mi tía hizo la siguiente pregunta.
-¿Y entonces quién
es la que está de pie?
Hubo un silencio
bastante tenso.
Dos segundos después
de aquél silencio un chorro de agua se nos echó encima. Todos
pegamos un grito y se escuchó una bofetada acompañada de un bufido
de aire, como si hubiese pasado un camión a nuestro lado.
Encendimos la luz y
mi tía tenía la cara colorada, suponemos que la bofetada se la
llevó ella.
A pesar del susto
aquella noche ya no pasó nada más. (hay que aclarar que mi prima
Claudia, era muy parecida físicamente a la hermana fallecida de las
gemelas, bajita, pelo rizado moreno, gafas etc.)
Al amanecer, nos
fuimos al piso porque mis padres querían volver ya a su casa.
Llegando, en el parque que hay al lado de mi casa, mi hermano rompió
a llorar desconsoladamente. Todos nos asustamos y le preguntamos que
le pasaba y nos confesó que había dejado a Yolanda.
Nunca más ha vuelto
a pasar nada, nunca más las hemos vuelto a ver, sí a sus padres
pero no a ellas. Mi hermano volvió a ser el que era.
Desde entonces,
nosotros vivimos en paz.


Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar