Danny era un
adolescente rubio, con acné notable y con un dedo en la mano derecha
menos. Con tres años se lo tuvieron que amputar debido a la picadura
de una araña venenosa. En dos días cumplía diecisiete años y
quería encargar una enorme tarta con el dibujo de Spider-man. Su
superheroe favorito. Bajó a la panadería de la esquina de arriba de
su calle y entró a encargarla.
El pueblo últimamente estaba muy
silencioso, no es que siempre fuese una juerga pero, algo pasaba o
mucha gente se había ido de vacaciones al mismo tiempo, que siendo
verano se entendería perfectamente.
Ese silencio era tan relajante
como siniestro, una mezcla muy rara. Danny estuvo esperando unos
minutos a que le atendiesen (algunas veces, Lola, que así se llamaba
la panadera, tardaba un poco en atender a sus clientes de toda la
vida debido a sus problemas de espalda, la mujer estaba mayor).
El sol impactaba a
través de los cristales de la panadería, lo que provocaba un calor
inmenso, parecía la sabana africana. No pasaba nadie. No se oía
nada fuera, NADA, y Lola no aparecía. Estuvo cerca de treinta
minutos allí, pero al ver que no había nadie se marchó a casa.
Antes de abrir la puerta con la llave de color azul, alguien llamó
su atención.
Un hombre con las manos en alto se dirigía corriendo
hacia él, pero de pronto y como si le hubiesen disparado se cayó al
suelo y no se levantó. No había nadie, solo el calor. No se oyó
nada raro así que me acerqué. Al llegar al hombre un gran charco de
sangre le rodeaba pero no había heridas.
Era todo muy extraño.
Intentó ponerlo boca arriba y en una oreja tenía una especia de
circulo diminuto, parecido al de un piercing, perfectamente trazado
pero de ahí tampoco salía una gota de sangre. Sacó el teléfono y
llamó a la policía. Se quedó con él a pesar del asfixiante calor
que hacía. Le parecía que la sangre estaba menguando, pero no podía
ser eso posible.
A los cuarenta y
cinco minutos aparecieron dos agentes de policía en un coche muy
sucio, como si hubiesen salido de debajo de tierra embarrada. Del
vehículo se bajó una mujer madura, de unos cincuenta años más o
menos.
Su cara era un poema. Sin dirigir la palabra a Danny, cogió
el hombre de un brazo y lo levantó. Danny alucinaba, ¿como podía
tener tanta fuerza?. No encontró respuesta pero la mujer lo metió
en el maletero de malas formas, luego se dirigió al chico y le dijo
una frase algo extraña:
-Deberías ir a la plaza, por tu bien- hizo
un gesto con la mano y se subió al coche otra vez. Se fueron a toda
velocidad y con las sirenas encendidas. Danny no entendía nada pero
le dio un poco de miedo.
Al llegar a casa, se
dio una ducha fría, el calor llegaba a puntos insoportables, de
hecho el termómetro marcaba cincuenta y dos grados. El resto de la
mañana y tarde no hizo mucho, leer algunos cómics que tenía
pendientes y ver algún programa de televisión, pero con problemas.
A las siete de la tarde, en el canal 22tv emitían el último
programa favorito de Danny, “una trampa para ganar” que consistía
en intentar ganar una serie de preguntas en menos de cinco segundos
mediante trucos, que podía ser o hacer reír o silenciarle la boca
si el contrario le ofrecía 50 euros. La televisión fallaba mucho,
cada dos minutos se iba la señal, así que Danny optó por irse a su
habitación y terminar el cómic que le quedaba, pero se quedó
dormido con el tebeo en la mano.
Al día siguiente el
sol era peor. Su habitación alcazaba los 55 grados y su cabeza lo
único que le pedía era hielo. Sus padres le habían dejado una nota
donde les decía que se iban a la plaza, que fuese luego. El chico se
vistió y bajó a la panadería para encargar la tarta, ya quedaba
solo un día. Entró y no había nadie. La cosa era muy rara, no
había nadie pero todos los comercios estaban abiertos. Danny entró
en el almacén para ver si pasaba algo, era todo muy raro. Mientras
buscaba las bolsas de patatas fritas LOZZi que tanto le gustaban,
Lola apareció por sorpresa asustándole y soltando un grito. -¡ahh!
Perdona, no quería entrar Lola, pero es que no estabas y ya llevaba
mucho rato esperando, creí que te había pasado algo.
Lola no dijo una
palabra, solo le señaló con el dedo y le dijo -Ve a la plaza- y
entró al almacén.
Se paseó por
algunos de los comercios que el solía frecuentar como el
supermercado, la tienda de cómics, el videoclub o la tienda de
deporte donde trabajaba su primo Sergio. Danny estaba un poco
asustado, el pueblo entero estaba muy raro, demasiado. Se dirigió a
correos para enviar una carta a su amigo que vivía en Valencia, pero
de nuevo nada. El sitio estaba abierto, pero dentro no había nadie.
Las calles estaban desiertas, algo debía pasar. Se dirigió a la
plaza del pueblo.
Allí estaba parte
del pueblo con las manos levantadas y mirando todos a un punto que no
alcanzaba ver debido a la lejanía donde se encontraba.
Se acercó un poco y
el calor llegaba a provocar quemaduras en su piel. Le dolía.
El pueblo empezó a
quitarse la ropa y desnudos señalaron al cielo. No entendía
absolutamente nada.
Identificó a dos
personas, sus padres.
Un objeto enorme de
color negro aterrizó en el centro de la plaza, que ocupaba
totalmente el polideportivo. De ese extraño objeto descendía una
escalera. Danny no se terminaba de creer lo que veía, o el calor le
había provocado visiones o los de Hollywood estaban rodando
Independence day.
La gente subía
desnuda a ese objeto enorme.
Danny asustado huyó
a su casa y se encerró en su habitación. No sabía que hacer o a
quien acudir. Encendió la radio para oír alguna noticia o algo pero
no hubo respuesta. Un zumbido detrás de su oreja no cesaba, el creía
que eran las alucinaciones por el calor, pero no. Un extraño ser,
muy bajito y de color transparente, le señalaba con el dedo. Cuando
Danny se giró y gritó asustado, el ser empezó a crecer y a ponerse
de color verde oscuro. Una presión invadía a Danny por el cuello,
se estaba ahogando hasta que perdió el conocimiento.
Al despertar una
masa densa y viscosa le envolvía y todo estaba oscuro, no podía
verlo pero si sentirlo. Una tenue luz se encendió al fondo y pudo
ver una especia de capullos enormes con personas dentro. Creía que
era un sueño pero no, estaba allí. Pudo sacar una mano y tocó
algo, era otro brazo.
-¿Qué pasa? ¿Dónde
estamos? ¿Qué pasa? -dijo muy asustado y con la voz entrecortada-
No tuvo respuesta
pero al momento una voz suave como la brisa susurró en su oído.
-La tierra ya no es un lugar seguro- No daba crédito a lo que acaba
de oír. El quería creer que realmente todo eso se trataba de una
broma, una cruel broma.
Danny presa del
pánico comenzó a gritar y la masa viscosa le volvía a cubrir, esta
vez con más fuerza. Notó unos lentes en sus ojos, algo parecido a
unas gafas virtuales. No entendía nada pero unas imágenes en blanco
y negro comenzaron a a aparecer en forma de diapositivas acompañadas
de una voz.
-Lamento ser yo
quien te diga esto, pero la tierra ya no es un lugar seguro humano.
La habéis roto. La habéis destrozado con vuestra ambición
asquerosa. Y en poco tiempo se destruirá por completo. Os hemos
rescatado y os llevaremos a “macanmi” es un planeta que está a
dos galaxias de aquí, pero muy similar a la tierra. Allí podéis
empezar una nueva vida.
Danny no podía
hablar, pero no hacía falta, podía comunicarse telepáticamente.
-¿Y mis padres? ¿y
por qué todo el pueblo estaba tan raro?
-Humano, estáis
siendo transportados y es lo único que debéis saber.
Una imagen de la
tierra explotando en mil pedazos apareció ante sus ojos.
-¿Es todo esto una
broma? -dijo anonadado-
-No, humano.
Y se oyó un ruido
exterior que hizo vibrar todo el sitio.
La tierra había
sido destruida por su dueño.
-La tierra no os
pertenece aunque penséis que sí. Os habéis portado mal con ella,
con su propia naturaleza y ahora os lo van a hacer pagar. La
naturaleza del sitio que vais, es despiadadamente cruel. Los animales
allí son los que mandan, vosotros seréis sus mascotas y vais a
saber que se siente. Me apena por aquellas personas que no habéis
hecho nada, pero es justo. Comen humanos como vosotros coméis cerdos
-puntualizó el ser-.
-¿Y que hay de
vosotros? ¿quienes sois?
-Simples
transportistas contratados por el creador de todo esto. Os dejamos
sin más allí y nos volvemos a casa. Suerte humanos.
-No, ¡espera no!
-Gritó Danny, pero no hubo respuesta. Solo un frío intenso-.
No recordaba nada
más. Se despertaron todos desnudos, manchados aún con esa sustancia
viscosa rosa y no supieron que hacer, no recordaban nada.
Una especie
de toro gigante pero que caminaba a dos patas, empezó a arrastrarnos
a todos con cadenas y espadas gigantes y nos metieron en jaulas a
todos. Nos daban de comer una especie de galletas que sabían a
cartón muy asquerosas. Muchos han intentado escapar, pero no es
posible. la mayoría somos obligados a procrear para luego morir. Simplemente hay que aceptar que esta es nuestra nueva vida,
la que nos ha tocado tener para el resto de nuestros días.


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