jueves, 7 de julio de 2016

Karma

Danny era un adolescente rubio, con acné notable y con un dedo en la mano derecha menos. Con tres años se lo tuvieron que amputar debido a la picadura de una araña venenosa. En dos días cumplía diecisiete años y quería encargar una enorme tarta con el dibujo de Spider-man. Su superheroe favorito. Bajó a la panadería de la esquina de arriba de su calle y entró a encargarla. 

El pueblo últimamente estaba muy silencioso, no es que siempre fuese una juerga pero, algo pasaba o mucha gente se había ido de vacaciones al mismo tiempo, que siendo verano se entendería perfectamente.

Ese silencio era tan relajante como siniestro, una mezcla muy rara. Danny estuvo esperando unos minutos a que le atendiesen (algunas veces, Lola, que así se llamaba la panadera, tardaba un poco en atender a sus clientes de toda la vida debido a sus problemas de espalda, la mujer estaba mayor).


El sol impactaba a través de los cristales de la panadería, lo que provocaba un calor inmenso, parecía la sabana africana. No pasaba nadie. No se oía nada fuera, NADA, y Lola no aparecía. Estuvo cerca de treinta minutos allí, pero al ver que no había nadie se marchó a casa. Antes de abrir la puerta con la llave de color azul, alguien llamó su atención. 

Un hombre con las manos en alto se dirigía corriendo hacia él, pero de pronto y como si le hubiesen disparado se cayó al suelo y no se levantó. No había nadie, solo el calor. No se oyó nada raro así que me acerqué. Al llegar al hombre un gran charco de sangre le rodeaba pero no había heridas. 
Era todo muy extraño. Intentó ponerlo boca arriba y en una oreja tenía una especia de circulo diminuto, parecido al de un piercing, perfectamente trazado pero de ahí tampoco salía una gota de sangre. Sacó el teléfono y llamó a la policía. Se quedó con él a pesar del asfixiante calor que hacía. Le parecía que la sangre estaba menguando, pero no podía ser eso posible.

A los cuarenta y cinco minutos aparecieron dos agentes de policía en un coche muy sucio, como si hubiesen salido de debajo de tierra embarrada. Del vehículo se bajó una mujer madura, de unos cincuenta años más o menos.
 Su cara era un poema. Sin dirigir la palabra a Danny, cogió el hombre de un brazo y lo levantó. Danny alucinaba, ¿como podía tener tanta fuerza?. No encontró respuesta pero la mujer lo metió en el maletero de malas formas, luego se dirigió al chico y le dijo una frase algo extraña: 

-Deberías ir a la plaza, por tu bien- hizo un gesto con la mano y se subió al coche otra vez. Se fueron a toda velocidad y con las sirenas encendidas. Danny no entendía nada pero le dio un poco de miedo.

Al llegar a casa, se dio una ducha fría, el calor llegaba a puntos insoportables, de hecho el termómetro marcaba cincuenta y dos grados. El resto de la mañana y tarde no hizo mucho, leer algunos cómics que tenía pendientes y ver algún programa de televisión, pero con problemas. 

A las siete de la tarde, en el canal 22tv emitían el último programa favorito de Danny, “una trampa para ganar” que consistía en intentar ganar una serie de preguntas en menos de cinco segundos mediante trucos, que podía ser o hacer reír o silenciarle la boca si el contrario le ofrecía 50 euros. La televisión fallaba mucho, cada dos minutos se iba la señal, así que Danny optó por irse a su habitación y terminar el cómic que le quedaba, pero se quedó dormido con el tebeo en la mano.

Al día siguiente el sol era peor. Su habitación alcazaba los 55 grados y su cabeza lo único que le pedía era hielo. Sus padres le habían dejado una nota donde les decía que se iban a la plaza, que fuese luego. El chico se vistió y bajó a la panadería para encargar la tarta, ya quedaba solo un día. Entró y no había nadie. La cosa era muy rara, no había nadie pero todos los comercios estaban abiertos. Danny entró en el almacén para ver si pasaba algo, era todo muy raro. Mientras buscaba las bolsas de patatas fritas LOZZi que tanto le gustaban, Lola apareció por sorpresa asustándole y soltando un grito. -¡ahh! Perdona, no quería entrar Lola, pero es que no estabas y ya llevaba mucho rato esperando, creí que te había pasado algo.

Lola no dijo una palabra, solo le señaló con el dedo y le dijo -Ve a la plaza- y entró al almacén.

Se paseó por algunos de los comercios que el solía frecuentar como el supermercado, la tienda de cómics, el videoclub o la tienda de deporte donde trabajaba su primo Sergio. Danny estaba un poco asustado, el pueblo entero estaba muy raro, demasiado. Se dirigió a correos para enviar una carta a su amigo que vivía en Valencia, pero de nuevo nada. El sitio estaba abierto, pero dentro no había nadie. Las calles estaban desiertas, algo debía pasar. Se dirigió a la plaza del pueblo.

Allí estaba parte del pueblo con las manos levantadas y mirando todos a un punto que no alcanzaba ver debido a la lejanía donde se encontraba.

Se acercó un poco y el calor llegaba a provocar quemaduras en su piel. Le dolía.
El pueblo empezó a quitarse la ropa y desnudos señalaron al cielo. No entendía absolutamente nada.

Identificó a dos personas, sus padres.

Un objeto enorme de color negro aterrizó en el centro de la plaza, que ocupaba totalmente el polideportivo. De ese extraño objeto descendía una escalera. Danny no se terminaba de creer lo que veía, o el calor le había provocado visiones o los de Hollywood estaban rodando Independence day.

La gente subía desnuda a ese objeto enorme.
Danny asustado huyó a su casa y se encerró en su habitación. No sabía que hacer o a quien acudir. Encendió la radio para oír alguna noticia o algo pero no hubo respuesta. Un zumbido detrás de su oreja no cesaba, el creía que eran las alucinaciones por el calor, pero no. Un extraño ser, muy bajito y de color transparente, le señalaba con el dedo. Cuando Danny se giró y gritó asustado, el ser empezó a crecer y a ponerse de color verde oscuro. Una presión invadía a Danny por el cuello, se estaba ahogando hasta que perdió el conocimiento.

Al despertar una masa densa y viscosa le envolvía y todo estaba oscuro, no podía verlo pero si sentirlo. Una tenue luz se encendió al fondo y pudo ver una especia de capullos enormes con personas dentro. Creía que era un sueño pero no, estaba allí. Pudo sacar una mano y tocó algo, era otro brazo.

-¿Qué pasa? ¿Dónde estamos? ¿Qué pasa? -dijo muy asustado y con la voz entrecortada-

No tuvo respuesta pero al momento una voz suave como la brisa susurró en su oído. 

 -La tierra ya no es un lugar seguro- No daba crédito a lo que acaba de oír. El quería creer que realmente todo eso se trataba de una broma, una cruel broma.

Danny presa del pánico comenzó a gritar y la masa viscosa le volvía a cubrir, esta vez con más fuerza. Notó unos lentes en sus ojos, algo parecido a unas gafas virtuales. No entendía nada pero unas imágenes en blanco y negro comenzaron a a aparecer en forma de diapositivas acompañadas de una voz.

-Lamento ser yo quien te diga esto, pero la tierra ya no es un lugar seguro humano. La habéis roto. La habéis destrozado con vuestra ambición asquerosa. Y en poco tiempo se destruirá por completo. Os hemos rescatado y os llevaremos a “macanmi” es un planeta que está a dos galaxias de aquí, pero muy similar a la tierra. Allí podéis empezar una nueva vida.

Danny no podía hablar, pero no hacía falta, podía comunicarse telepáticamente.

-¿Y mis padres? ¿y por qué todo el pueblo estaba tan raro?

-Humano, estáis siendo transportados y es lo único que debéis saber.


Una imagen de la tierra explotando en mil pedazos apareció ante sus ojos.

-¿Es todo esto una broma? -dijo anonadado-

-No, humano.

Y se oyó un ruido exterior que hizo vibrar todo el sitio.
La tierra había sido destruida por su dueño.

-La tierra no os pertenece aunque penséis que sí. Os habéis portado mal con ella, con su propia naturaleza y ahora os lo van a hacer pagar. La naturaleza del sitio que vais, es despiadadamente cruel. Los animales allí son los que mandan, vosotros seréis sus mascotas y vais a saber que se siente. Me apena por aquellas personas que no habéis hecho nada, pero es justo. Comen humanos como vosotros coméis cerdos -puntualizó el ser-.

-¿Y que hay de vosotros? ¿quienes sois?

-Simples transportistas contratados por el creador de todo esto. Os dejamos sin más allí y nos volvemos a casa. Suerte humanos.

-No, ¡espera no! -Gritó Danny, pero no hubo respuesta. Solo un frío intenso-.

No recordaba nada más. Se despertaron todos desnudos, manchados aún con esa sustancia viscosa rosa y no supieron que hacer, no recordaban nada.

Una especie de toro gigante pero que caminaba a dos patas, empezó a arrastrarnos a todos con cadenas y espadas gigantes y nos metieron en jaulas a todos. Nos daban de comer una especie de galletas que sabían a cartón muy asquerosas. Muchos han intentado escapar, pero no es posible. la mayoría somos obligados a procrear para luego morir. Simplemente hay que aceptar que esta es nuestra nueva vida, la que nos ha tocado tener para el resto de nuestros días.

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