Mayo de 2004 Ermita
de san pancracio.
-Así pues, Alfredo,
¿quieres por esposa a Leyre?
-Sí, quiero. -dijo
nervioso-
-Tranquilo -le dijo
en voz baja Leyre-
-Leyre, ¿quieres
por esposo a Alfredo?
-Por supuesto que
sí.
Puede besar a la
novia.
La pareja se besó y con el eco de la ermita y el ruido de los aplausos llenaron por
completo el lugar.
Mayo de 2005.
Había pasado un año
desde que se casaron y no habían podido tener una luna de miel en
condiciones por falta de presupuesto. Por fin, un año después del
genial enlace, pudieron disfrutar de sus ansiadas vacaciones de pareja.
Salieron del
aeropuerto de México y los dos estaban eufóricos por devorar este
país que tanto habían soñado visitar. Tenían siete días por delante para disfrutar de varios sitios a los que tenían planificado ir. El primer día fueron al cabo de San Lucas. Allí disfrutaron de un agradable día de playa tranquila. El paisaje era precioso, ni ellos mismos se lo habían imaginado así.
Al día siguiente visitaron Acapulco de Juárez. Los cuatro últimos días se quedaron en playa del Carmen, una de las más famosas del país. Quedaron encantados con el viaje. Se lo pasaron en grande, hicieron mil fotos, mil vídeos y tenían en su disco duro cerebral mil anécdotas para contar a su amigos y familiares a la vuelta.
La siguiente semana
tenían planeado visitar Perú. Esta vez no eran siete días, no
disponían de tanto. Este viaje era solamente de cuatro días.
Aunque con ganas, en
esta visita ya estaban algo cansados. El primer día estuvieron en el
valle del colca (conocido como la ciudad blanca), donde disfrutaron
de unas vistas impresionantes. Al día siguiente llegaron a Chiclayo
(esta vez, conocida como la ciudad de la amistad) y disfrutaron
nuevamente de una ciudad hermosa. El tercer día allí, fueron
directamente al lugar que provocó el motivo de visitar perú. El
bosque andino. Caminaron durante dos horas por el bosque, esta vez no
quisieron un guía, preferían perderse por el paraíso verde y
nublado que tenían delante.
Durante una senda de
unos cuatro metros de ancho en mitad del bosque, caminaron cuesta
arriba durante algunas horas. Se empezaron a preocupar porque se les estaba haciendo de
noche y no tenían ni idea de dónde se encontraban. El sol ya se
estaba poniendo, era casi oscuridad ya, pero ellos no lo notaron
debido al nublado bosque en el que se encontraban.
-Volvamos, Al -así
le llamaba ella cariñosamente-
-Espera, espera, es
por aquí.
-No, venga
larguémonos, no vamos a encontrar nunca ese templo que dices. -dijo
cansada de andar-
-¿Te apuesto algo?
Estoy convencido de que estamos a menos de diez minutos. -añadió
esperanzado-
-Te doy diez minutos
¿eh? Si no me vuelvo yo sola -bromeó-
Continuaron andando
por el cada vez más hondo bosque mientras se quitaban las ramas de
los árboles a manotazos. Veinte minutos más tarde, llegaron a lo
que creían el templo “yacudailo”.
-Mira cariño, ahí
lo tienes. Te lo dije, míralo, es precioso. -dijo con alegre convicción.
Señaló una casa
derruida pero con un encanto especial. Avanzaron y entraron en el
templo. Era un lugar pequeño, grisáceo y con mal olor.
-Voy a vomitar -dijo
Leyre dando una arcada-
-Saca la cámara
cariño. Haz fotos a todo, es brutal, es precioso es... -Leyre le
interrumpió-
¿Qué es eso? -dijo
volteando la cabeza-
-Cariño, no es
nada. En unos minutos será de noche completamente. Esto es la selva,
serán sonidos de animales y bichos
-tranquilizó-
-tranquilizó-
-Vale, puede que
sean simples animales pero me empieza a dar miedo Al, además, la
cámara la tengo grabando desde hace media hora o así.
-¿Que has estado
grabando el camino? -dijo molesto-
-Claro, es lo que me
pediste, ¿no?
-Ya Leyre, pero me
referí... -unos pasos interrumpieron a Alfredo- ¿qué ha sido eso?
-¿Lo ves? Te lo
dije, hay algo aquí -susurró-
-Shhh, no digas
nada, ¿has grabado el templo? -preguntó observando a todos lados-
-Si, ¿sigo o corto
ya?
Alfredo no
respondió, pero a cambio el hombro de Leyre era golpeado con
pequeñas gotas de sangre que caían de un árbol en mitad del templo. Leyre, asustada se
tocó el hombro y se lo acarició con las yemas de los dedos.
-Al, larguémonos, es sangre -le mostró los dedos-
-Sí, será lo mejor
-dijo sin quitar la vista al frente-
La pareja se
marchaba por el mismo camino por el que habían venido, pero de poco
les sirvió, su destino era toparse con dos Pishtacos.
Ya estaba todo en
completa oscuridad y apenas veían. Llevaban dos latas de atún, media botella de agua y una brújula rota.
-Cariño, no puedo
andar más, estoy muy cansada, podríamos parar en aquél árbol,
tiene forma curvada, para dormir podríamos apañarnos perfectamente
-fantaseó-
-¿Estás de broma?
No me quedo aquí ni muerto.
-Pero si fuiste tú
quién quiso venir a ver el templo ese de mierda -soltó cabreada-
-Ya cariño, pero no
sabía que se nos haría de noche, además que salimos enseguida, tan
solo nos queda media hora bajando esta senda y luego cruzaremos el bosque.
-¿Estás seguro?
Mira que no quiero andar más...
Alfredo no
respondió.
-¿Al? -le dijo
esperando respuesta- ¿Al?
Le puso la mano en
la cara que apenas se le veía la nariz. -Cariño, ¿me estás
escuchando?
Bajó un poco la
mano y notó que el brazo se le empapaba.
-Cuidado que no
queda más agua -reprochó-
Al se cayó al suelo
y Leyre fue a socorrerlo.
-Cariño, ¿te
encuentras bien? -notaba algo que le impedía acercarse a el, le le
alumbró con la cámara de vídeo y vio que Al había sido atravesado
con una lanza en mitad del pecho.
Leyre no supo que hacer y huyó en busca de ayuda gritando,
presa del pánico.
Nunca más se supo de ambos, y a
día de hoy siguen desaparecidos. La cámara se encontró en uno de
los barrios próximos a la salida del bosque. El vídeo puede verse a
día de hoy en internet. Son cuarenta y cinco minutos de metraje, más
de la mitad es de la pareja disfrutando de la naturaleza del bosque, el
resto que apenas se puede ver con claridad, muestra a Al
ensangrentado, con las gafas rotas y sin poder hablar, y acto seguido Leyre huye por el bosque, perdiendo la cámara entre la maleza. Las
imágenes se han analizado infinidad de veces y lo único que
muestran con claridad es la cara de un supuesto Pishtaco hombre
blanco, con la barba desaliñada y con una navaja en la mano en la
esquina superior izquierda de la grabación.
Lamentablemente a día de hoy
siguen sucediendo estas atrocidades. Durante muchos años se ha
engañado a la gente diciendo que son meras leyendas, pero una vez
más, el caso del matrimonio demostró que no son leyendas, sino que
la historia de los Pishtacos sigue muy viva.

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