domingo, 21 de agosto de 2016

Rock a tope


En el diccionario esta palabra tiene dos acepciones.

1. Estado de la persona que tiene en la mente una idea, una palabra o una imagen fija o permanente y se encuentra dominado por ella.

2. Idea, palabra o imagen que se impone en la mente de una persona de forma repetitiva y con independencia de la voluntad, de forma que no se puede reprimir o evitar con facilidad.

-Tío, ya han salido las entradas de Rock a tope para el próximo año, si las compramos ahora nos cuesta cincuenta pavos, si nos esperamos unos meses costará más de setenta. ¿las pillamos?

-Yo no tengo pasta, píllala tu si quieres, yo esperaré todavía un poco.

-Pero tío -exclamó mientras se llevaba las manos a la cabeza- que el año que viene tocan los Juglares del apocalipsis, el último concierto antes de la separación definitiva.

La cara de César se tornó a sorprendida e hizo un gesto con las manos como pidiendo silencio. 
-Tío, tengo que conseguir el dinero como sea.

César era un apasionado del grupo “Los juglares del apocalipsis” le fascinaban. Tenía todo de ellos: sus cinco discos, pósters, camisetas, chapas con la portada del disco número tres del grupo, llamado “Tormenta prisionera” y hasta tenía la púa con la que el anterior guitarrista del grupo había tocado su último concierto antes de fallecer a causa del cáncer. había veces que se excedía, sus amigos llegaban a decir que estaba obsesionado con el grupo.

No conseguiría el dinero hasta el próximo mes, pero las entradas ya habían subido a sesenta y cinco. En cuanto tuvo la entrada en su mano, llamó corriendo a Kiko para anunciarle que le acompañaría al festival durante sus cuatro días de duración.
Rock a tope era un festival de distintos tipos de música, abarcaba desde el más puro heavy metal, pasando por rock, pop-rock, y en el último día siempre solían tocar varios grupos de música independiente, que siendo honestos, a estos últimos apenas iba gente.

Había pasado ya un año desde que César consiguió su entrada. Los dos primeros días son los que interesaban (aunque se quedarían los cuatro) a Kiko y César, tocaban varios de los grupos que solían escuchar con frecuencia en casa de Luismi los viernes por la tarde cuando éste salía del trabajo y lo único que le apetecía era pasar un rato con sus amigos.

Fernando sostenía el folleto con todos los grupos importantes. Arriba y en grande los más conocidos y abajo en una letra más pequeña los demás. Luismi tenía rodeado con un rotulador de color rojo varios de los de la fila de abajo y dos de los de arriba. César le arrebató el panfleto y leyó en voz alta.

-¿Los 10 mandamientos? ¿Braindead? ¿Peter pan y su garfio? ¿Drácula marca blanca? ¿qué mierda de grupos son estos tío? -dijo con una cutre ironía y acto seguido Luismi le quitó el folleto.

-Déjame en paz, a ti te gustan Los juglares del apocalipsis y no te digo nada, y mira que me parecen una puta mierda -espetó como pequeña venganza-

-No tienes ni idea tío, Los juglares son lo mejor que le ha pasado al heavy en los últimos veinte años -dijo luciendo una sonrisa de orgullo-

-Que va que va, el que va a despuntar en todo el festival van a ser los de Harry potter y la calada filosofal, tienen un rollito que ningún otro tiene y además que cada vez los sigue más gente -dijo Fernando-

-No tíos, Los juglares son magníficos, suenan genial, mejor que los rolling, sus letras son hiper transgresoras y en conjunto son una bomba de relojería -asintió mientras comentaba embobado mirando al cielo-

-César, relaja que pareces tonto -rieron Luismi, Fernando y Kiko-

-Ni puta idea tenéis -dijo en un tono semejante a la ofensa-

Esperaron en casa de Luismi a que Dani diera señales de vida, pero eso no sucedió, así que a Kiko se le ocurrió coger su coche e ir a por él. César y Luismi y Fernando se quedaron en casa a esperar la llamada cuando estuviesen cerca, así bajarían y se marcharían al ansiado festival.

Había pasado más de una hora y no daban señales de vida. César, desesperado y preocupado por si se perdía el concierto, llenó el móvil Kiko y de Dani. Justo en el último intento de César por saber de sus amigos, éstos llegaron dos minutos después.

Bajaron todos a la puerta y entraron en el coche. Pusieron rumbo al festival.
Luismi, Kiko y Fernando cenaron un bocadillo de jamón en el coche, César no tenía hambre y Dani conducía.

Al llegar allí aparcaron a unos quince metros de la entrada. El sitio estaba lleno a reventar, no cabía ni un alma. Llegaron justo cuando estaban cantando Peter pan y su garfio, pero ese grupo no les convencía a ninguno excepto a Luismi, pero aún así se quedó con ellos. La gente iba de un lado hacia otro, los coches llegaban aún, con la tarea casi imposible de buscar aparcamiento, algunos lo conseguían. A la derecha de la carretera, había un recinto con tiendas de campaña de muchos de los asistentes. César estaba impaciente y todavía quedaban cuarenta y cinco minutos para que Los juglares tocasen.

-¿Queréis cerveza? He traído dos litros -ofreció Kiko a sus amigos-

-Pues yo unos tragos si le voy a dar -asintió Fernando y Luismi le dio la razón-

Bebieron todos menos César que a raíz de los nervios le temblaba todo.

-Tío tranquilízate, que no te vaya la vida en ello -dijo Dani.

-Déjame en paz -en tono borde- tu has sido el que ha llegado tarde.
Todos sonrieron al ver la cara de César.

Se habían acabado el primer litro de cerveza y Dani sacaba ahora su bocadillo de tortilla de patatas con cebolla. Ofreció un trozo a lo que Fernando aceptó.

-Mierda, lo hacía por educación -rió pero le dio un trozo-

Fernando estaba muy cansado, justo ese día venía de otro festival de una semana de duración y se fue con ellos por estar con sus amigos pero lo último que le apetecía era brincar en otro concierto. Pero se fue con ellos a ver a los Juglares. Quedaban quince minutos para entrar y Dani no se había acabado el bocadillo.

-Va tío, date prisa joder -de nuevo en tono borde-

-César, en serio, para de hacer el tonto -le reprochó Luismi-

-Es que deberíamos estar entrando ya para coger sitio.

-Va, me acabo el cigarro y vamos -dijo Kiko-

Kiko tiró al suelo la colilla y César la aplastó en un gesto de prisa. Antes de cerrar la puerta del maletero donde estaban Luismi, Kiko y Dani, un coche aparcó a menos de metro y medio de ellos. Bajaron dos tipos que parecían policías, de hecho lo eran, pero no venían a detener a nadie, simplemente a disfrutar de los Juglares.

-Va hombre, vamos, que mira la de gente que se está amontonando en la puerta -señaló con el dedo pero ninguno de sus amigos le prestó atención. 

Estaban mirando al lado de las tiendas de campaña. 

Una ambulancia había entrado en el recinto y dos de los cuatro bajaron del vehículo con una camilla yendo a toda prisa a una de las tiendas de color verde que había al fondo. Todos miraron, pero entre el tumulto de gente, y que aún quedaban dos minutos de canción no se oía nada. Lo tumbaron en la camilla y se lo llevaron corriendo de urgencia. Nunca sabrían que le pasó ni si se pondría bien, pero por ciertos rumores entendieron que se había fumado cuatro cigarritos de la risa de primero y segundo, y unas pastillas con alcohol de postre. Un menú especial para quitarse la vida a causa de problemas personales. Mentira seguro, pero ya se sabe, no se puede demostrar un rumor, por eso es un rumor.

Siguieron adelante y poco a poco, en apenas un minuto aquello parecía un concierto de Michael Jackson. Iban en fila india hasta la entrada de seguridad. Unos tipos con cara de no haber cenado cachearon a los amigos y les dejaron pasar sin más. Subiendo la cuesta que llevaba al escenario, vieron un chico vomitando, probablemente la cena, y Dani dio un salto, pues estuvo apunto de darle. Llegaron a los puestos de comida rápida y Kiko se pidió una quesadilla del  méxicano de nombre Híjole. Una vez comprada la segunda cena, se lo comió en poco tiempo y avanzaron para poder verlos de cerca. A César le latía el corazón tan rápido que parecía que se ahogaba. Avanzaron en mitad de la gente y se colocaron a unos treinta metros del escenario. Una pantalla enorme anunciaba una cuenta atrás de diez segundos que todos cantaron con ganas. Al llegar a cero, en letras enormes lucía un brillante "HASTA SIEMPRE JUGLARES" acompañado dos segundos más tarde por unos gritos ensordecedores de un excitado público.

-Vamos un poco más adelante -gritó César- aquí estamos muy lejos.

Avanzaron un poco más como pudieron y se colocaron a unos quince metros del escenario. Se les vería de cerca pero para César no sería lo suficiente. Empezaron a tocar y la cara de felicidad de César no tenía precio, aunque había ido infinidad de veces a sus conciertos. 

Después de una hora y veinte minutos de concierto, fueron de nuevo al coche para termiarse el litro de cerveza que les quedaba. César se quedó allí. No era el mejor pero a fin de cuentas era un buen sitio.

Cuando los amigos llegaron al coche, un sincronizado aullido sonó con fuerza.

-Joder, si que les gusta esta canción, y eso que a mi me parece de las más flojas.

-Tío, ¿que le pasa a César conmigo? ¿que le he hecho?

-No le hagas ni caso tío -dijo Kiko mientras bebía del litro-

-Es que me tiene un poquito harto -le confesó mientras le arrebataba la botella-
Los gritos del concierto se elevaron tan alto que los amigos sentados en el maletero del coche se asustaron.

-joder, como está la gente -dijo Fernando mientras reía-

El ambiente había cambiado, por alguna razón la gente salía nerviosa del concierto. Los cuatro, miraban atónitos desde el maletero del coche como hordas de gente salían en tropel por las barreras de seguridad. Alucinaban y no entendían nada.

Cuando vieron que se trataba de algo serio, los tres salieron disparados (Fernando se quedó en el coche preparado por si tenían que salir corriendo) a por su amigo César. No sabían que pasaba pero lo que sucedía, no era una broma y lo peor de todo, era peligroso. Les costó mucho llegar a las barreras de seguridad. Miles y miles de personas iban hacia ellos, era como enfrentar a tres niños de cinco años contra cientos de toros salvajes cabreados. Si se mira bien, era una locura ir a por su amigo por lo que Dani se volvió al coche. Kiko y Luismi continuaron a través de las hordas de gente histérica que se les venían encima.

Consiguieron llegar hasta el escenario que estaba ya medio abandonado, pero aún había la suficiente gente como para no ver un pimiento. La aguja estaba muy escondida en el pajar. No quería salir. Atónito, Luismi llamó mediante un gesto con la mano a su amigo Kiko. 
-Mira... -dijo con un tono pesado, como de incredulidad-

El concierto que se emitía en pantalla grande había dejado de sonar, pero no de grabar. César aparecía en la enorme pantalla empuñando un arma contra la cabeza del cantante de los juglares. De todos los motivos posibles de la estampida del personal, jamás imaginaron que sería que un loco se había liado a tiros, sobre todo teniendo en cuenta que tenía seguridad. Dos policías llegaron y subieron encima del escenario apuntando a César y negociando que soltase el arma. Todo ocurrió muy rápido a partir de ese momento.

-César suelta el arma joder -gritó Luismi en un intento de hacerle entrar en razón. Pero el grito de su amigo había sido inútil. No le podía oír por la multitud de gente.

-Chaval, ¿que te he hecho yo? No te gusta mi música no vengas, no soy tu enemigo -dijo el cantante-

-Sois mi puto grupo favorito -dijo apretando los dientes mientras le caían mares de sudor- no podéis separ...

-Tire el arma -le repitió el policía-.

César se puso nervioso al darse cuenta que su rostro aparecía en grande en la pantalla y accionó el gatillo acabando con la vida del cantante de “los juglares del apocalipsis” acto seguido uno de los dos policías infundió cinco tiros acabando con la vida de César en el acto.

Luismi y Kiko no podían creer todo lo que acababa de ocurrir en apenas medio minuto y lo que peor y más rastrero le parecía, muchas personas enfocando con sus teléfonos móviles para luego subirlo a internet, seguramente.

Había tantas preguntas... la principal era ¿por qué? La segunda probablemente sería, ¿de dónde sacó el arma? Son preguntas que lamentablemente no tendrían respuesta.

En mitad de una de las canciones, cuando todo el mundo estaba coreando la canción, un loco empezó a dar empujones a todo el mundo y abriéndose paso a la fuerza intentó saltar la valla del escenario pero enseguida los cuatro tíos de seguridad se le echaron encima, siempre hay alguien que la tiene que liar, eso es lo que pensé. Pero el tío ese de repente sacó un arma de la espalda y les metió cuatro tiros, claro, de esto solo nos dimos cuenta unos pocos de la primera fila e intentamos detenerle, pero me dio un tiro en la pierna (y los que le iban a sujetar se echaron atrás), supongo que por los nervios por que bien podría habérmelo dado en la cabeza. Total que subió al escenario y en cuanto la cámara le enfocó la peña empezó a correr y el resto es historia”.

Además del joven herido que nos daba su testimonio, el festival Rock a tope se ha llevado decenas de muertos aplastados por la histeria colectiva que se formó al huir centenares de personas. Una multitud de personas lloran la muerte del líder de los juglares del apocalipsis, famoso grupo de heavy metal que el joven César de apenas veintiún años de edad, se llevó su vida por delante por una obsesión con el grupo musical. No es el primer caso ni desgraciadamente será el último, pero nos quedamos con una pregunta, ¿que puede hacer que un chico normal termine con la vida de alguien al que admira?.


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