En
el diccionario esta palabra tiene dos acepciones.
1.
Estado
de la persona que tiene en la mente una idea, una palabra o una
imagen fija o permanente y se encuentra dominado por ella.
2.
Idea,
palabra o imagen que se impone en la mente de una persona de forma
repetitiva y con independencia de la voluntad, de forma que no se
puede reprimir o evitar con facilidad.
-Tío,
ya han salido las entradas de Rock a tope para el próximo año, si
las compramos ahora nos cuesta cincuenta pavos, si nos esperamos unos
meses costará más de setenta. ¿las pillamos?
-Yo
no tengo pasta, píllala tu si quieres, yo esperaré todavía un
poco.
-Pero
tío -exclamó mientras se llevaba las manos a la cabeza- que el año
que viene tocan los Juglares del apocalipsis, el último concierto antes de la separación definitiva.
La
cara de César se tornó a sorprendida e hizo un gesto con las manos
como pidiendo silencio.
-Tío, tengo que conseguir el dinero como sea.
-Tío, tengo que conseguir el dinero como sea.
César
era un apasionado del grupo “Los juglares del apocalipsis” le
fascinaban. Tenía todo de ellos: sus cinco discos, pósters,
camisetas, chapas con la portada del disco número tres del grupo,
llamado “Tormenta prisionera” y hasta tenía la púa con la que
el anterior guitarrista del grupo había tocado su último concierto
antes de fallecer a causa del cáncer. había veces que se excedía, sus amigos llegaban a decir que estaba obsesionado con el grupo.
No
conseguiría el dinero hasta el próximo mes, pero las entradas ya
habían subido a sesenta y cinco. En cuanto tuvo la entrada en su
mano, llamó corriendo a Kiko para anunciarle que le acompañaría al
festival durante sus cuatro días de duración.
Rock
a tope era un festival de distintos tipos de música, abarcaba desde
el más puro heavy metal, pasando por rock, pop-rock, y en el último
día siempre solían tocar varios grupos de música independiente,
que siendo honestos, a estos últimos apenas iba gente.
Había
pasado ya un año desde que César consiguió su entrada. Los dos
primeros días son los que interesaban (aunque se quedarían los
cuatro) a Kiko y César, tocaban varios de los grupos que solían
escuchar con frecuencia en casa de Luismi los viernes por la tarde
cuando éste salía del trabajo y lo único que le apetecía era
pasar un rato con sus amigos.
Fernando
sostenía el folleto con todos los grupos importantes. Arriba y en
grande los más conocidos y abajo en una letra más pequeña los
demás. Luismi tenía rodeado con un rotulador de color rojo varios
de los de la fila de abajo y dos de los de arriba. César le arrebató
el panfleto y leyó en voz alta.
-¿Los
10 mandamientos? ¿Braindead? ¿Peter pan y su garfio? ¿Drácula
marca blanca? ¿qué mierda de grupos son estos tío? -dijo con una
cutre ironía y acto seguido Luismi le quitó el folleto.
-Déjame
en paz, a ti te gustan Los juglares del apocalipsis y no te digo
nada, y mira que me parecen una puta mierda -espetó como pequeña
venganza-
-No
tienes ni idea tío, Los juglares son lo mejor que le ha pasado al
heavy en los últimos veinte años -dijo luciendo una sonrisa de
orgullo-
-Que
va que va, el que va a despuntar en todo el festival van a ser los de
Harry potter y la calada filosofal, tienen un rollito que ningún
otro tiene y además que cada vez los sigue más gente -dijo
Fernando-
-No
tíos, Los juglares son magníficos, suenan genial, mejor que los
rolling, sus letras son hiper transgresoras y en conjunto son una
bomba de relojería -asintió mientras comentaba embobado mirando al
cielo-
-César,
relaja que pareces tonto -rieron Luismi, Fernando y Kiko-
-Ni
puta idea tenéis -dijo en un tono semejante a la ofensa-
Esperaron
en casa de Luismi a que Dani diera señales de vida, pero eso no
sucedió, así que a Kiko se le ocurrió coger su coche e ir a por
él. César y Luismi y Fernando se quedaron en casa a esperar la
llamada cuando estuviesen cerca, así bajarían y se marcharían al
ansiado festival.
Había
pasado más de una hora y no daban señales de vida. César,
desesperado y preocupado por si se perdía el concierto, llenó el
móvil Kiko y de Dani. Justo en el último intento de César por
saber de sus amigos, éstos llegaron dos minutos después.
Bajaron
todos a la puerta y entraron en el coche. Pusieron rumbo al festival.
Luismi,
Kiko y Fernando cenaron un bocadillo de jamón en el coche, César no
tenía hambre y Dani conducía.
Al
llegar allí aparcaron a unos quince metros de la entrada. El sitio
estaba lleno a reventar, no cabía ni un alma. Llegaron justo cuando
estaban cantando Peter pan y su garfio, pero ese grupo no les
convencía a ninguno excepto a Luismi, pero aún así se quedó con
ellos. La gente iba de un lado hacia otro, los coches llegaban aún,
con la tarea casi imposible de buscar aparcamiento, algunos lo
conseguían. A la derecha de la carretera, había un recinto con
tiendas de campaña de muchos de los asistentes. César estaba
impaciente y todavía quedaban cuarenta y cinco minutos para que Los
juglares tocasen.
-¿Queréis
cerveza? He traído dos litros -ofreció Kiko a sus amigos-
Bebieron
todos menos César que a raíz de los nervios le temblaba todo.
-Tío
tranquilízate, que no te vaya la vida en ello -dijo Dani.
-Déjame
en paz -en tono borde- tu has sido el que ha llegado tarde.
Todos
sonrieron al ver la cara de César.
Se
habían acabado el primer litro de cerveza y Dani sacaba ahora su
bocadillo de tortilla de patatas con cebolla. Ofreció un trozo a lo
que Fernando aceptó.
-Mierda, lo hacía por educación -rió pero le dio un trozo-
-Mierda, lo hacía por educación -rió pero le dio un trozo-
Fernando
estaba muy cansado, justo ese día venía de otro festival de una
semana de duración y se fue con ellos por estar con sus amigos pero
lo último que le apetecía era brincar en otro concierto. Pero se
fue con ellos a ver a los Juglares. Quedaban quince minutos para
entrar y Dani no se había acabado el bocadillo.
-Va
tío, date prisa joder -de nuevo en tono borde-
-César,
en serio, para de hacer el tonto -le reprochó Luismi-
-Es
que deberíamos estar entrando ya para coger sitio.
-Va,
me acabo el cigarro y vamos -dijo Kiko-
Kiko
tiró al suelo la colilla y César la aplastó en un gesto de prisa.
Antes de cerrar la puerta del maletero donde estaban Luismi, Kiko y
Dani, un coche aparcó a menos de metro y medio de ellos. Bajaron dos
tipos que parecían policías, de hecho lo eran, pero no venían a
detener a nadie, simplemente a disfrutar de los Juglares.
-Va
hombre, vamos, que mira la de gente que se está amontonando en la
puerta -señaló con el dedo pero ninguno de sus amigos le prestó
atención.
Estaban mirando al lado de las tiendas de campaña.
Una
ambulancia había entrado en el recinto y dos de los cuatro bajaron
del vehículo con una camilla yendo a toda prisa a una de las tiendas
de color verde que había al fondo. Todos miraron, pero entre el
tumulto de gente, y que aún quedaban dos minutos de canción no se
oía nada. Lo tumbaron en la camilla y se lo llevaron corriendo de
urgencia. Nunca sabrían que le pasó ni si se pondría bien, pero
por ciertos rumores entendieron que se había fumado cuatro
cigarritos de la risa de primero y segundo, y unas pastillas con
alcohol de postre. Un menú especial para quitarse la vida a causa de
problemas personales. Mentira seguro, pero ya se sabe, no se puede
demostrar un rumor, por eso es un rumor.
Siguieron
adelante y poco a poco, en apenas un minuto aquello parecía un
concierto de Michael Jackson. Iban en fila india hasta la entrada de
seguridad. Unos tipos con cara de no haber cenado
cachearon a los amigos y les dejaron pasar sin más. Subiendo la
cuesta que llevaba al escenario, vieron un chico vomitando,
probablemente la cena, y Dani dio un salto, pues estuvo apunto de
darle. Llegaron a los puestos de comida rápida y Kiko se pidió una
quesadilla del méxicano de nombre Híjole. Una vez comprada
la segunda cena, se lo comió en poco tiempo y avanzaron para poder
verlos de cerca. A César le latía el corazón tan rápido que
parecía que se ahogaba. Avanzaron en mitad de la gente y se
colocaron a unos treinta metros del escenario. Una pantalla enorme
anunciaba una cuenta atrás de diez segundos que todos cantaron con
ganas. Al llegar a cero, en letras enormes lucía un brillante "HASTA SIEMPRE JUGLARES" acompañado dos segundos más tarde por unos gritos ensordecedores de un excitado público.
-Vamos
un poco más adelante -gritó César- aquí estamos muy lejos.
Avanzaron
un poco más como pudieron y se colocaron a unos quince metros del
escenario. Se les vería de cerca pero para César no sería lo
suficiente. Empezaron a tocar y la cara de felicidad de César no
tenía precio, aunque había ido infinidad de veces a sus conciertos.
Después de una hora y veinte minutos de concierto, fueron de nuevo al coche para termiarse el litro de cerveza que les quedaba. César se quedó allí. No era el mejor pero a fin de cuentas era un buen sitio.
Después de una hora y veinte minutos de concierto, fueron de nuevo al coche para termiarse el litro de cerveza que les quedaba. César se quedó allí. No era el mejor pero a fin de cuentas era un buen sitio.
Cuando
los amigos llegaron al coche, un sincronizado aullido sonó con
fuerza.
-Joder,
si que les gusta esta canción, y eso que a mi me parece de las más
flojas.
-Tío,
¿que le pasa a César conmigo? ¿que le he hecho?
-No
le hagas ni caso tío -dijo Kiko mientras bebía del litro-
-Es
que me tiene un poquito harto -le confesó mientras le arrebataba la
botella-
Los
gritos del concierto se elevaron tan alto que los amigos sentados en
el maletero del coche se asustaron.
-joder,
como está la gente -dijo Fernando mientras reía-
El
ambiente había cambiado, por alguna razón la gente salía nerviosa
del concierto. Los cuatro, miraban atónitos desde el maletero del
coche como hordas de gente salían en tropel por las barreras de seguridad.
Alucinaban y no entendían nada.
Cuando
vieron que se trataba de algo serio, los tres salieron disparados
(Fernando se quedó en el coche preparado por si tenían que salir corriendo) a por su amigo César. No
sabían que pasaba pero lo que sucedía, no era una broma y lo peor
de todo, era peligroso. Les costó mucho llegar a las barreras de
seguridad. Miles y miles de personas iban hacia ellos, era como
enfrentar a tres niños de cinco años contra cientos de toros
salvajes cabreados. Si se mira bien, era una locura ir a por su amigo
por lo que Dani se volvió al coche. Kiko y Luismi continuaron a
través de las hordas de gente histérica que se les venían encima.
Consiguieron
llegar hasta el escenario que estaba ya medio abandonado, pero aún
había la suficiente gente como para no ver un pimiento. La aguja
estaba muy escondida en el pajar. No quería salir. Atónito, Luismi
llamó mediante un gesto con la mano a su amigo Kiko.
-Mira... -dijo con un tono pesado, como de incredulidad-
-Mira... -dijo con un tono pesado, como de incredulidad-
El
concierto que se emitía en pantalla grande había dejado de sonar,
pero no de grabar. César aparecía en la enorme pantalla empuñando
un arma contra la cabeza del cantante de los juglares. De todos los
motivos posibles de la estampida del personal, jamás imaginaron que sería que un loco se había liado a tiros, sobre todo
teniendo en cuenta que tenía seguridad. Dos policías llegaron y
subieron encima del escenario apuntando a César y negociando que
soltase el arma. Todo ocurrió muy rápido a partir de ese momento.
-César
suelta el arma joder -gritó Luismi en un intento de hacerle entrar
en razón. Pero el grito de su amigo había sido inútil. No le podía
oír por la multitud de gente.
-Chaval,
¿que te he hecho yo? No te gusta mi música no vengas, no soy tu
enemigo -dijo el cantante-
-Sois mi puto grupo favorito -dijo apretando los dientes mientras le caían
mares de sudor- no podéis separ...
-Tire
el arma -le repitió el policía-.
César
se puso nervioso al darse cuenta que su rostro aparecía en grande en
la pantalla y accionó el gatillo acabando con la vida del cantante
de “los juglares del apocalipsis” acto seguido uno de los dos
policías infundió cinco tiros acabando con la vida de César en el
acto.
Luismi
y Kiko no podían creer todo lo que acababa de ocurrir en apenas
medio minuto y lo que peor y más rastrero le parecía, muchas personas enfocando con sus teléfonos móviles para luego subirlo a internet, seguramente.
Había
tantas preguntas... la principal era ¿por qué? La segunda
probablemente sería, ¿de dónde sacó el arma? Son preguntas que
lamentablemente no tendrían respuesta.
“En
mitad de una de las canciones, cuando todo el mundo estaba coreando
la canción, un loco empezó a dar empujones a todo el mundo y
abriéndose paso a la fuerza intentó saltar la valla del escenario
pero enseguida los cuatro tíos de seguridad se le echaron encima,
siempre hay alguien que la tiene que liar, eso es lo que pensé. Pero
el tío ese de repente sacó un arma de la espalda y les metió
cuatro tiros, claro, de esto solo nos dimos cuenta unos pocos de la
primera fila e intentamos detenerle, pero me dio un tiro en la pierna
(y los que le iban a sujetar se echaron atrás), supongo que por los
nervios por que bien podría habérmelo dado en la cabeza. Total que
subió al escenario y en cuanto la cámara le enfocó la peña empezó
a correr y el resto es historia”.
Además
del joven herido que nos daba su testimonio, el festival Rock a tope
se ha llevado decenas de muertos aplastados por la histeria colectiva
que se formó al huir centenares de personas.
Una multitud de personas lloran la muerte del líder de los juglares
del apocalipsis, famoso grupo de heavy metal que el joven César de
apenas veintiún años de edad, se llevó su vida por delante por una
obsesión con el grupo musical. No es el primer caso ni
desgraciadamente será el último, pero nos quedamos con una
pregunta, ¿que puede hacer que un chico normal termine con la vida
de alguien al que admira?.

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